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ELABORACIÓN DEL JABÓN

Texto: Marisa Alcalde

Los ingredientes utilizados comúnmente para hacer el jabón en casa son restos de todo tipo de grasa animal tales como tocino rancio, unto, sebo y pellejas de cerdo. Para seis Kg. de grasa, un Kg. de sosa cáustica, 450 gr. de polvos de jaboncillo o detergente y 6 litros de agua.

Troceando la grasa.
Cociendo la grasa.
Mezclando la grasa con sosa cáustica.

Se trocea la grasa quitando la hebra ya que ésta no se disuelve con la sosa.

Se pone a cocer con el agua hasta que alcance el punto de ebullición.

A continuación se vierte en un barreño añadiéndole la sosa y los polvos de jaboncillo o, en su defecto, detergente, removiendo hasta conseguir una mezcla homogénea. Se van sacando las impurezas que se encuentren.

Las corrientes y cambios bruscos de temperatura pueden provocar que la mezcla se corte. En ese caso conviene volverla a cocer, sin dejar de removerla, hasta que dé un hervor.

Vertiendo el jabón en el molde.
Jabón enfriando en el molde.
Jabón casero troceado.

Cuanto más se remueve más fina queda la mezcla. A medida que se enfría se va espesando; entonces se vierte en un molde, que suele ser de madera o metal, dejándolo en él hasta que se solidifica.

Se corta según el tamaño deseado.

Este jabón en la actualidad no tiene mucha aceptación dado que, al estar fabricado con grasas animales y rancias sin tener ningún aditivo que lo perfume no desprende buen aroma. Su olor es el característico de la sosa.

La mayoría de las aguas de esta zona de montaña, fundamentalmente caliza, tienen alto contenido en sales o iones de calcio y magnesio que son los causantes de su dureza. Cuando el jabón entra en contacto con dicha agua, reacciona químicamente con estos elementos formando un anillo de residuos insolubles. Para lograr que la espuma se deslice con facilidad, tendrá que disolverse suficiente jabón. Este es otro de los problemas de utilizar jabón casero, ya que por su simple composición carece de los ingredientes que se utilizan para la fabricación industrial de los detergentes y cuyo fin es el de reaccinar con las sales minerales para poder disolverlas.


Lavando en el arroyo.
Lavando en la presa.

Los jabones son solubles en agua y se utilizan para la limpieza, por su propiedad de mezclarse con las gotas de grasa, responsables de la suciedad, ya que, el agua por sí sola, es incapaz de disolverlas.

La obtención del jabón se debe al proceso de saponificación, que consiste en una reacción química de las grasas en una disolución alcalina por medio del calor, desdoblándolas en glicerol y ácido graso o jabón propiamente dicho.

Fueron los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial, los primeros en investigar buscando un sustituto del jabón. En Estados Unidos se comercializaron los primeros detergentes, alrededor de los años 50, elaborados a partir de derivados del petróleo, pero resultaron demasiado complejos para que las bacterias pudieran descomponerlos provocando así una gran contaminación en las aguas.

A pesar del perfeccionamiento de los detergentes actuales, todavía hay algún tipo de mancha (huevo, sangre o leche) que al ser insolubles en agua no desaparecen y que se adhieren con fuerza a los tejidos.

En las décadas de los 60 y 70, se agregaron a los detergentes enzimas capaces de disolver la proteína. Son los llamados detergentes biológicos. No se comercializaron por provocar reacciones alérgicas cutáneas a los obreros que las elaboraban. Se resolvió el problema encapsulando dichas enzimas en gránulos de una sustancia que se disuelve durante el lavado.

Los detergentes, al disolverse, alcalinizan el agua pero algunas manchas como el óxido, sólo desaparecen cuando ésta es ácida . Para combatir las manchas de óxido se utiliza jugo de limón que contiene un 7% de ácido cítrico y se expone al sol.

Los blanqueadores actuales eliminan muchas manchas difíciles pero, si son fuertes, pueden debilitar los tejidos y apagar los colores.

Los blanqueadores ópticos funcionan absorbiendo la luz ultravioleta invisible y emitiendo luz azul visible. Los blanqueadores químicos quitan las manchas y abrillantan el color blanco añadiendo oxígeno o cloro a las sustancias que quitan las manchas (blanqueador oxidante) o quitando el oxígeno de las manchas (blanqueador reductor).


BLANQUEANTES NATURALES

A pesar de todos los avances en materia de detergentes y blanqueantes de ropa, aún es frecuente ver en zonas rurales la ropa blanca tendida en el verde.

Después de varias jabonaduras y cuando ya se carga de espuma, se tiende en una pradera bien expuesta al sol; es muy importante regarla a menudo, ya que si se seca demasiado, los rayos del sol y el jabón reseco pueden perjudicar las prendas. Suele tenerse así varias horas hasta que las manchas desaparezcan. A continuación se aclara con abundante agua para eliminar los restos de jabón. Con este procedimiento, no sólo desaparecen las manchas sino que gana en blancura.

Si a pesar de tener la ropa tendida al verde persistía la morenura en la ropa era frecuente hacer la colada, este proceso ha caído totalmente en desuso. Una de las razones es que, en la actualidad, existen en el mercado productos blanqueantes mucho más sencillos de aplicar y la otra, que en muchos hogares se ha dejado de encender el fuego a base de leña para utilizar otros tipos de combustibles tales como el carbón.

LA COLADA

Una vez jabonada y aclarada la ropa blanca, se ponía a escurrir en una cesta de mimbre. Cubriéndola con un lienzo, cernadero. Se echaba agua muy caliente en un barreño, añadiéndole unas paletadas de ceniza (cernada) que debía de ser exclusivamente de leña. A continuación se vertía encima del lienzo para que quedaran en él los restos de ceniza sin disolver. Se tenía la ropa en la cesta hasta que se enfriaba para después aclarar y tender. Si quedaba algo grisácea, se le daba otra mano de jabón.

 

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