Cabecera Revista Comarcal

EL PALEOLÍTICO SUPERIOR EN LA MONTAÑA

LOS YACIMIENTOS DE BURÓN Y LA UÑA

 

Texto: José Ramón Perez Suárez

Cueva de la Uña.
Cueva de la Uña.

Muy pocos son los yacimientos conocidos y estudiados en nuestra provincia atribuibles al Paleolítico Superior, ese período de nuestra Prehistoria que da comienzo hace algo más de 30.000 años, con la llegada del Homo Sapiens, y que se extenderá hasta la llegada de las nuevas técnicas de subsistencia, como fueron la agricultura y la ganadería, hace algo más de 6.000 años.

Dos de estos escasos yacimientos estudiados se encuentran en nuestra montaña, concretamente en las localidades de Burón y de la Uña.

LA CUEVA DEL ESPERTIN

El primero de estos yacimientos en ser descubierto y estudiado fue el de Burón, en una cueva llamada “del Espertín”, en el año 1.985, siendo objeto de varias campañas posteriores. Se trata de una pequeña cavidad, ubicada a media ladera en el valle del río Orza, con una altitud de 1.230 m. sobre el nivel del mar y a unos 20 m. sobre el nivel del río, que en aquella época correría unos metros más alto.

La cueva de pequeñas dimensiones, está formada por un vestíbulo de unos 25 metros cuadrados, que acaba en una estrecha rampa, de techo muy bajo, que comunica con otra sala inferior; la entrada del techo de la rampa ha sido ampliada artificialmente, pues la roca aparece picada, al objeto de hacer más accesible el acceso a la segunda sala. En el exterior, y ante ella, se extiende una zona aterrazada, de unos 18 m2, que posiblemente sirviese para ampliar la zona habitable por medio de entramados de ramaje a modo de cabaña. Pero incluso contando con esta pequeña terraza, el espacio habitable es reducido, no pudiendo albergar sino a un pequeño grupo humano de no más de diez individuos, y con unas condiciones de habitabilidad que se reducen a los meses cálidos, pues la humedad y las goteras hacen impracticable su ocupación durante los meses fríos y lluviosos.

En las excavaciones realizadas hasta la fecha se ha encontrado un único nivel de ocupación, cuyo espesor ronda los 20 cm, recubierto de otro nivel arqueológicamente estéril, es decir, sin restos de ocupación posterior.

Respecto a los niveles recuperados en el nivel fértil, reseñar en primer lugar la industria lítica, -los utensilios de piedra tallada-, compuesto por casi 400 piezas, de las cuales más de las tres cuartas partes están realizadas en sílex de distintas variedades, siendo el sílex negro el más numeroso, y el resto en diferentes variedades de cuarcita, procedente de los cantos rodados del río.

Concha de Tribia.
Concha de Tribia.

Las piezas realizadas en sílex negro y en cuarcita fueron talladas en la misma cueva, ya que se han encontrado los restos del proceso de talla en sus distintas fases. Existen otros tipos de sílex de los que no se han encontrado restos de su proceso de tallado, por lo que se supone que eran tallados en otros lugares, transportándolos consigo durante sus desplazamientos.

Entre estas piezas talladas, destacan por su número los llamados “raspadores”, a los que se relaciona por su forma, con un borde cortante ligeramente curvo, semejante a una uña, con el proceso de raspado en el tratamiento de las pieles.

Han aparecido también, aunque en menor cantidad, cierto número de “buriles”, que poseen un ángulo o bisel muy útil para materiales blandos como el hueso o el asta. También se encuentran los llamados “denticulados”, los de mayor tamaño, y cuya función era la de trabajar la madera o el hueso mediante el raspado. Pero sin duda las piezas más representativas, y que son las que han servido para poder datar el yacimiento, son las llamadas “microlíticos”, unas pequeñas piezas de forma triangular o trapezoidal, cuya longitud no supera el centímetro y medio, y que se utilizaban como puntas de flecha, o enmangadas en madera o asta, formando una fila, unas junto a otras, formar un filo cortante a modo de tosca sierra.

Por el contrario no se ha encontrado ningún utensilio realizado en material orgánico, como pueden ser los confeccionados en madera, hueso o asta de animal; a excepción de una pequeña concha marina de tribia a la que efectuaron un pequeño orificio al objeto de coserla en alguna prenda o de llevarla colgada a modo de pulsera o collar, y cuya función es meramente de adorno.

Este tipo de concha aparece también en los yacimientos asturianos, como son los de Tito Bustillo o los Azules en la cuenca del Sella, lo que parece confirmar la existencia de una vía o camino que comunicaba este lado de la cordillera con la vertiente asturiana a través del valle del Sella.

Microlitos
Microlitos.

Los restos de animales encontrados durante la excavación son escasos, y aunque muy fragmentados, se encuentran en un buen estado de conservación. De su estudio podemos saber que la especie más cazada era la cabra montes, seguida en un segundo lugar por el jabalí; también hay restos de rebeco, ciervo y liebre que eran cazados por su carne. Junto a estos aparecen restos de oso, gato montes y lobo, que serían cazados por sus pieles.

El predominio de la cabra y la presencia del rebeco, indica que explotaban el medio circundante, pues estas dos especies predominan en el medio rocoso de la alta montaña. En el yacimiento no se han encontrado esqueletos completos, sino parte de los mismos, de lo que podemos deducir que estos animales eran despiezados en el lugar donde habían sido cazados, llevándose consigo las partes más ricas en carne y las pieles.

Los restos de materiales vegetales hallados nos indican la existencia de un tipo de vegetación sensiblemente diferente a la actual. Gracias al análisis de los carbones de sus hogueras podemos saber que la madera empleada, y recogida en los alrededores de la cueva, pertenecía a especies como el avellano, el castaño, el pino silvestre, dos especies de roble, madroños y enebros. La flora actual esta compuesta mayoritariamente por bosques de roble en la zona solana, y de hayas en la umbría, con la presencia de avellanos, pero sin que encontremos pinos, castaños o madroños.

La datación del carbono-14 nos ha dado una fecha estimada entre 7.700 y 7.900 años antes del presente, lo que nos situaría en la fase final del Paleolítico Superior.

Desde Peña Prieta a Cantabria.
Restos de la cueva del Espertín.

Como conclusión al estudio de todos los restos encontrados en esta cueva, se ha podido establecer que se trataba de un asentamiento estacional, seguramente de verano, de un pequeño grupo humano cuya estancia estaría dedicada a dos actividades principalmente, la caza y la talla de la piedra. Como hemos visto anteriormente, la mayor parte de las materias primas líticas, proceden de las proximidades de la cueva, siendo trabajadas en la misma cavidad. Los restos óseos hallados no parecen indicar la existencia de grandes matanzas o una especialización en una determinada especie, complementando su dieta con la recolección de frutos y bayas de carácter estacional, y posiblemente, aunque este punto no se ha podido confirmar, con la pesca de truchas en el río Orza.

Respecto a la procedencia de las gentes cazadoras-recolectoras que ocuparon la cueva del Espertín, parece claro que en sus desplazamientos conectaban, más bien venían, con la vertiente asturiana de la cordillera como se puede deducir por la presencia de conchas de moluscos marinos en este y otros yacimientos asturianos semejantes y datados en esta misma época.

Como apoyo a esta teoría, el estudio realizado en varios concheros, -grandes concentraciones de conchas de moluscos consumidos por nuestros antepasados-, algunos de enorme tamaño, indican que la recolección de estos moluscos se realizaba durante los meses de invierno, por lo que se ha propuesto como hipótesis la existencia de una concentración de varios grupos en el invierno, cuando las inclemencias climatológicas les impedían el acceso a las zonas de montaña, momento en el que se dedicarían, entre otras actividades al marisqueo.

Durante los meses más cálidos del año, estos grupos se dispersarían desplazándose algunos de ellos hacia el medio montañoso, posiblemente siguiendo las manadas de animales en su migración en busca de los pastos frescos de la montaña, permaneciendo otros grupos en la franja litoral dedicados también a la caza de herbívoros.

Como colofón, a unos dos Km. aguas arriba en el mismo valle del Orza, se han encontrado otros dos yacimientos atribuibles a este mismo período. Uno es una pequeña cueva situada a media ladera, y sobre este, un gran abrigo, en la parte alta, a unos 1.300 m de altitud, aunque por el momento no se halla efectuado aún ningún estudio en profundidad sobre ellos que permita establecer su relación o no entre estos y el del Espertín.

LA CUEVA DE LA UÑA

Restos de arpón.
Restos de arpón.

A 22 Km. de la cueva del Espertín, aguas arriba del río Esla, se encuentra la cueva de la Uña, en la localidad del mismo nombre, orientada hacia el sur, con una altitud sobre el nivel del mar de 1.200 m y a 10 m sobre el nivel del río Esla y el de un pequeño arroyo que pasa por delante de la cueva.

Se trata de una pequeña oquedad formada por una única galería de unos 20 m de longitud y con una anchura en su entrada de 2,5 m que se va estrechando progresivamente hasta llegar a tener una anchura de 1 m al final de la misma. Entre el arroyo y la cueva se forma una superficie aterrazada que tal vez, como el Espertín, sirviese para ampliar la superficie habitable de la pequeña cavidad rocosa.

Han sido excavados desde su descubrimiento en 1.991 cuatro niveles arqueológicos fértiles, de un espesor de unos 10 cm cada uno, muy semejantes entre sí, sin que se halla llegado a alcanzar la roca del suelo, por lo que es posible que la secuencia estratigráfica continúe.

Los restos líticos hallados nos permiten saber que las fuentes de la materia prima parecen tener una procedencia local, destacando los sílex, con una gran variedad que va del negro al veteado, la radiolarita, una roca de origen sedimentario, junto al cuarzo y la cuarcita. Una característica particular de este yacimiento, es que no se hallen restos de las primeras fases de la cadena operativa de la talla de la piedra, encontrándose solo las piezas ya terminadas, lo que nos permite suponer que dada la proximidad de las canteras, trabajaban las piezas in-situ, realizando únicamente los últimos retoques ya en la cueva.

Fragmentos de hueso con incisiones.
Fragmentos de hueso con incisiones.

De las 135 piezas encontradas hasta el momento, destacan los raspadores, los buriles, los perforadores y las hojitas y puntas de pequeño tamaño. Pero sin duda los restos más importantes encontrados están realizados en hueso, no en piedra.

Se han hallado, aunque bastante fragmentados, dos partes de arpón realizado en hueso, una de ellas perteneciente a la parte trasera con un agujero oval, al que se ataba una cuerda, y el otro resto corresponde a la parte delantera del arpón, conservándose solamente la punta del mismo y su primer diente. Gracias a estos dos fragmentos se ha podido datar este período de ocupación al final del Paleolítico Superior, concretamente al llamado en arqueología periodo “Aziliense”, por ser estos arpones muy característicos de este determinado momento de la Prehistoria, sensiblemente anterior en el tiempo al yacimiento del Espertín.

También se han hallado tres fragmentos de hueso, de pequeño tamaño, el menor de ellos apenas posee un centímetro cuadrado, a los que han sido practicados diferentes tipos de incisiones a modo de dibujo. El más pequeño de los huesos, está grabado por sus dos caras, presenta en una de ellas un motivo formado por una serie de líneas paralelas, cortadas en oblicuo por otro haz de líneas también paralelas entre sí. Por su otra cara presenta solamente una serie de líneas paralelas, grabadas todas ellas, -las de ambas caras-, de una manera muy fina y superficial.

Los otros dos fragmentos de hueso presentan grabado uno solo de sus lados, con unas líneas paralelas realizadas con unas inscripciones profundas y anchas. La importancia de estos tres fragmentos radica en que son las primeras manifestaciones de “arte mueble”, llamado así por tratarse de pequeñas piezas transportables, localizadas en nuestra provincia.

El uso de estos objetos no está del todo claro, aunque se supone que eran utilizados como objetos de adorno.

Respecto a los restos óseos de los animales allí consumidos, tan fragmentados que la mayoría apenas sobrepasa el medio centímetro, señalar la presencia del ciervo en todos los niveles estudiados, hay también restos de cabra en tres de los niveles, y de jabalí, rebeco y corzo en otros dos niveles.

Han aparecido además numerosos restos de carnívoros, concretamente de oso, lobo, zorro y algún mustélido.

También sabemos que se dedicaban a la pesca, no solo por los fragmentos de arpón encontrados, han aparecido así mismo restos de vértebras de pescado, correspondientes a truchas de tamaño medio que allí fueron asadas al fuego y consumidas.

Y por los restos de avellanas calcinadas que han aparecido se deduce que permanecían cazando y recolectando por la zona durante el inicio del otoño. Con la llegada del invierno se desplazarían nuevamente hacia el litoral donde el clima es más suave.

 

Cuélebre Binario