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LA JARDA, MONUMENTO NATURAL

 

Texto: Lorenzo Sevilla

La Jarda seca.
La Jarda seca.

Las formaciones naturales espectaculares son relativamente frecuentes en nuestra comarca, pero hay algunas que por su relevancia y valor paisajístico llaman poderosamente la atención, Este el caso de la Jarda, verdadero manantial intermitente y compulsivo a la entrada de Caín.

La Jarda está situada a la entrada de Caín, al pie de la carretera que llega desde Posada y Cordiñanes, justo después de que se ha franqueado el angosto paso tallado en la roca, conocido como La Roble y no apto para conductores inexpertos o con dolencias cardiacas.

La Jarda es mucho más que una riega, se trata de una surgencia, cuyo alma está situado en algún recóndito lugar no identificado en el corazón del Macizo Central de los Picos de Europa, pese a que la fuente que saca el agua al exterior está situada pocos metros por encima de donde la vemos correr.

La Jarda soltando agua.
La Jarda soltando agua.

Salvo raras excepciones explicables climatológicamente, el agua no corre por la Jarda cuando llueve en pleno invierno, ni en otoño antes de las nevadas. Esto se explica porque el agua que mana abundantemente siempre, proviene de lagos subterráneos del interior del macizo de los Urrieles, cuya formación ha estado favorecida por el paso de miles de años y de las características particulares de la roca caliza y que se alimentan de las nieves situadas en las alturas cuando éstas se derriten, por eso lo normal y lo esperable es que la Jarda comience a correr con el deshielo, cuando la nieve fundida anega las cavidades cársticas del interior del macizo Central. De hecho es normal y este año ha ocurrido, la Jarda comenzó a correr como siempre en un momento en el que no llovía ni había llovido en unos cuantos días, pero hizo bastante calor, lo que desencadenó el fenómeno.

Hay una cuestión que hace muy especial a la Jarda. Cuando comienza a manar lo hace a pleno caudal, durando su alegría acuática un tiempo limitado y variable dependiendo de si llueve mientras o no, o de la cantidad de nieve que se derrita por el golpe de calor y el acúmulo existente y cuando se seca, lo hace también de una manera un tanto radical, como si alguien cerrara el grifo.

Detalle de la torrentera.
Detalle de la torrentera.

La explicación es relativamente sencilla aunque el complejo hidráulico del que forma parte la Jarda parece que no lo es tanto. Se trata de un sistema de sifones existente en la roca que, cuando el nivel de agua es el suficiente, vacía el contenido de un lago subterráneo del que se alimenta la surgencia. Así, mientras el nivel del agua del lago no llega a un punto, el agua no mana por la Jarda, pero cuando este nivel es sobrepasado, lo hace torrencialmente hasta agotar el líquido acumulado y cuando éste se acaba la surgencia se corta de pronto, no poco a poco como ocurre en cualquier riega.

Todo ello se debe a la ley de los vasos comunicantes, cuyo fundamento todos conocemos en la práctica por haber sacado gasolina alguna vez de un depósito del coche o en operaciones parecidas con líquidos.

La sencillez del proceso físico no quita ni un ápice de la espectacularidad del fenómeno natural y, desde la Revista Comarcal, estamos convencidos que de encontrarse la Jarda en Yellowstone, todos la conocerían por haberla visto en la televisión, o si estuviera en algún monte vasco, supondría además una confirmación de que la naturaleza señaló con el dedo al pueblo vasco para reforzar su identidad, celebrándose festejos campestres primaverales colmados de danzas y pitanzas con chapela, pero estando en Caín solo se trata de una inoportuna riega más que obligó a hacer otro pequeño puente tras el agobio de La Roble para acceder al pueblo. Pasa desapercibida para mucha gente de la comarca, incluso para algunos del mismísimo Valdeón.

Los vecinos de Caín viven en un pueblo un tanto recóndito, perjudicado por la orografía en sus comunicaciones y donde no hay mucho sitio ni para dar vuelta con el coche, pero se trata de uno de los lugares más bellos de todo Picos de Europa y cuando llega la primavera y los prados y las copas de las "tejas" se visten de verde, la Jarda se encarga de recibir con la algarabía del agua a los que allí acuden en el momento preciso, celebrando, en solitario, la derrota de otro invierno.

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