
Mes de septiembre, los días se acortan, las golondrinas y aviones comunes se agrupan en los cables de los tendidos durante los primeros días de este mes, aviso de que iniciarán su largo viaje hacia latitudes más sureñas, de inviernos más cálidos y donde encontrarán los insectos de los que se alimentan, larga espera nos queda a nosotros para disfrutar de su presencia de nuevo en primavera. Estas aves se van, al igual que los veraneantes de nuestros pueblos, pero otras vienen por estas fechas, como los maestros, a pasar estos meses tan solitarios con nosotros, son las garzas reales las que formarán ahora parte del paisaje invernal.
Hoy es 18 de septiembre y ya las he visto por primera vez volando sobre Posada de Valdeón.
Es un ave que no es difícil de reconocer, ya que no pasa desapercibida ¿verdad? Es grande (90 -100 cm.) y de esbelta figura. En su parte superior las plumas presentan una tonalidad gris ceniciento, curioso color, acorde con esos días grises e invernales que nos tocará vivir de nuevo, en su cabeza tiene unas plumas negras más largas que le cuelgan sobre la nuca, en el resto del ave predomina el plumaje blanco. Su cuello es largo y le sirve para acercar la cabeza al suelo sin tener que doblar sus patas, también largas y útiles para caminar en zonas de aguas someras, donde capturan a sus presas, principalmente peces, que ensartan con su pico largo y apuntado.
¿Cómo se la suele ver?
Pues posada en el suelo o en un árbol, permaneciendo horas inmóvil con el cuello encogido entre los hombros, salvo que ella intuya algún peligro o molestia, entonces estira el cuello pero sigue inmóvil en actitud vigilante, levantando el vuelo rápidamente si se siente insegura, También en vuelo, con un pausado pero poderoso batir de alas, formando un arco con las puntas hacia abajo, que le permite recorrer más de cuarenta kilómetros en una hora y mientras está en vuelo recoge el cuello sobre los hombros y mantiene extendidas las patas.
¿Dónde encontrarla?
La garza es una especie con poblaciones sedentarias en la Península Ibérica, es decir, en algunas zonas permanecen durante todo el año, buscando siempre el entorno de lagos, lagunas, riberas de ríos, terrenos húmedos, colas de embalses, charcas, orillas del mar, etc. Cerca de estos lugares establecen sus colonias de nidificación, en acantilados marinos, carrizales o en árboles de gran porte. Construyéndose nidos voluminosos y siendo la hembra la que se encarga de esta tarea mientras el macho transporta los materiales. Una vez terminado, será ocupado durante varios años con las necesarias reparaciones. En un solo árbol pueden anidar varias parejas y son muy agresivas defendiendo su territorio en estas colonias de nidificación, pero este comportamiento colonial y gregario deja de existir en el momento en que se van a buscar alimento, donde lo normal es encontrar ejemplares solitarios.
La colonia o población reproductora de garza real más próxima a nuestra comarca se encuentra en la cuenca del Esla, en Moreruela (Zamora).
Entonces, si aquí no hay población reproductora ¿de donde vienen las garzas que vemos en invierno?, pues por aquí siempre decimos: "Antes no se veían esos pájaros...."
En las últimas décadas, la población de garza real se ha incrementado en la Península Ibérica, pero también en Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra e Italia, y cuando llega el invierno tienden a abandonar las zonas más norteñas y frías que permanecen heladas durante esta estación, buscando aquellas donde el suelo y el agua se hielan con menos frecuencia, así, al haber un mayor número de ellas, buscan nuevos lugares y por eso las vemos por aquí, donde a pesar del frío invernal, el hielo y la nieve que soportamos, no es comparable a la de algunos lugares de donde ellas vienen. Entonces, ¿vendrán de Francia y Alemania? Quien sabe. Es la garza una especie muy viajera, a la península entran de los países más nórdicos, por los extremos de los Pirineos, algunas deciden quedarse aquí y otras, incluso las que nacieron en nuestro país, deciden viajar más lejos y llegan a los países africanos del Golfo de Guinea (Buinea Bissau, Senegal, Sierra Leona, Burkina Faso, Togo o Nigeria).
Este incremento de individuos en la población de garzas se puede ver alterado, ya que tras varios inviernos no excepcionalmente fríos, el número de garzas en un lugar no puede aumentar indefinidamente, pues el espacio de pesca de que dispone cada ave se reduce, ya que, como dijimos al principio, la garza necesita pescar en solitario, luego cuantas más garzas haya en una zona, más se molestan entre ellas y será más difícil conseguir alimento y por tanto, no se puede asegurar la supervivencia de todas ellas, siendo las garzas jóvenes las que peor lo tienen frente a las adultas, siendo aquellas las que sufrirán por tanto una mayor mortalidad. A su vez, estas garzas que no consiguieron llegar a adultas, no dan el relevo numérico a la mortalidad natural de los adultos, regulándose así su población en función de la alimentación.
¿Y qué se puede decir de su alimentación?
Aunque sus presas favoritas son las que obtiene de la pesca, también captura insectos, ratones de campo, ratas de agua, ranas....
Cuando llegan aquí en septiembre, capturan numerosos luciones, esos que se conocen como alagüezos en Sajambre, anabiones en Valdeón o labiones en Tierra de la Reina. Pero esto no será por mucho tiempo, pues estos desaparecerán bajo las piedras para pasar allí el invierno y no se les volverá a ver hasta la primavera.
Como curiosidad hay que decir que eliminan los restos de sus presas en una especie de bolas que expulsan por su boca (egagrópilas se llaman) formadas por restos de pelo y huesos de ratones, ratas de agua etc., pero será difícil encontrar en ellas restos de escamas o espinas de los peces, pues éstos sí son atacados por los ácidos de su estómago y, por lo tanto, digeridos.
Y con esto no me extiendo más, ya sabemos un poco más de la vida de las garzas reales, nuestras compañeras invernales.