
En 1.953 Acebedo tuvo el honor de ser la localidad en acoger el primer concurso de esquí de esta comarca, como comentaba en un número anterior de esta revista, con el fin de dar a conocer lo que sería una competición de esquí organizada. Esta experiencia fue la base para tomar en serio el inicio de una gran promoción, ya que los organismos oficiales “Educación y Descanso” y “Frente de Juventudes” se dieron cuenta de la gran afición que existía en todos los pueblos de esta comarca, ya que en cada pueblo se podía encontrar a diario en invierno a la casi totalidad de los chavales y mozos esquiando, o más bien, intentando mantener el equilibrio a la mayor velocidad posible, aunque el material de fabricación casera no daba para mucha velocidad, los esquís eran de madera de fresno, haya o argumeno, que al mojarse y empaparse de agua pesaban el doble, las ataduras eran una chapa de latón donde se encajaba la puntera de las botas y por detrás unas correas, las botas más corrientes eran las de goma ya que si ponías unas botas de cuero, antes de poner los esquís ya tenías los pies calados.
Cuando en 1.953 se celebró el primer concurso en Acebedo, fue lo primero que se conoció de lo que era una competición. Pues bien, en 1.954 y ya de una forma oficial, los organismos oficiales antes mencionados, se proponen lanzar en serio una promoción para toda la zona dirigida a encauzar el material humano tan enorme que estaba sobre la nieve en la comarca, fue cuando programan celebrar el primer campeonato provincial en Maraña, que además sería el centro, pues vieron que reunía las mejores condiciones, tanto de pistas, cantidad de nieve y donde más juventud practicaba este deporte.
A este primer campeonato provincial se le dio una gran publicidad por mediación de la prensa, la radio y una gran cantidad de carteles informativos por toda la zona de Cistierna para arriba, así como por el resto del norte de la provincia y por supuesto León capital, las pruebas estaban programadas en dos días, sábado y domingo de últimos de febrero.
El sábado se corría el slalom gigante para infantiles y juveniles y el fondo senior y el domingo el descenso y el salto senior.
De todos los pueblos de la comarca había una abundante representación, posiblemente de los más decididos a probar lo que para todos era una novedad y y una prueba, había también representación de Busdongo, Villamanín, San Emiliano, Villablino, Lillo, Cofiñal y León.
Pues bien, como digo, el sábado se empezó con la prueba del slalom para infantiles y juveniles, los favoritos eran los de Maraña ya que estaban esquiando con el grupo de los “Magníficos” y, algo que les decían y algo que copiaban, sabían más de que iba la cosa que los de fuera, que jamás habíamos pasado una bandera, eso sí, nos explicaron el trazado por el color de las banderas y en esto si que estábamos todos por un igual. Como era la primera competición que realizábamos, no había prácticamente claros favoritos, aunque ya se comentaba que un chaval de Maraña bajaba muy seguro y con ya algo de conocimiento de la técnica y, efectivamente lo demostró en la prueba venciendo con bastante holgura, este chaval de apenas trece años no era otro que Alfredo González, más conocido con el apelativo de “Fero” del que más adelante contaremos su amplia trayectoria, desde destacado juvenil a nivel nacional integrante del equipo de Barcelona y más adelante como profesor del equipo de esquí de la fábrica de coches SEAT.
Lo que si fue una sorpresa para todos fue el subcampeón de esta categoría, ya que no era de Maraña y prácticamente no estaba entre los favoritos. Este chaval era y es de Burón, aunque actualmente vive en Bilbao, Genaro Sánchez, nos impresionó a todos con una bajada con rapidez, seguridad y soltura como si aquello para él fura un paseo, yo que estaba esperando la salida en esa misma categoría, me sorprendió con la seguridad que desenvolvió la prueba, tenía entonces, como yo, quince años y aquel mismo año se marchó para Bilbao y aquí se acabó su historia con el esquí, recuerdo con nostalgia y admiración su forma de esquiar y pienso que de haber seguido hubiera sido todo un gran esquiador.
El tercer puesto de esta prueba también fue sorpresa, un chaval de Lario, compañero mío de fatigas y entretenimientos, entre trompicones y bandazos llegó a la meta y marcó el tercer mejor tiempo, se llamaba Gregorio Fernández, y digo se llamaba porque falleció hace unos catorce años, siguió esquiando hasta los 21 años y en un campeonato del Frente de juventudes ganó el slalom especial, su principal característica: el coraje y la valentía.
La experiencia de mi primera carrera fue fatal, lleno de nervios como todos, llegué abajo con un par de aterrizajes forzosos y en la clasificación aparecí en el puesto 8º.
Ese mismo día, sábado por la tarde, se corría la carrera de fondo y esto sí que era una verdadera novedad, pues nadie prácticamente sabíamos en que consistía y nos impactó y nos asustó a todos, pues veíamos la batalla que llevaban en la carrera por pasarse unos a otros y verlos llegar después de casi dos horas con una sofoquina y una paliza que al pasar la meta de llegada, caían al suelo tan extenuados y rendidos, que tardaban varios minutos en recuperarse. La carrera estaba marcada con una distancia de 12 Km., la salida se daba de uno en uno con un intervalo de un minuto, y esto estaba cronometrado por reloj, así que el vencedor sería quien hiciera el recorrido en menos tiempo. Se discurría por terreno llano, laderas, subidas y bajadas bajo la vigilancia de unos controles que eran los encargados de que nadie se saliera del recorrido, marcado por unas pequeñas banderitas y las huellas que dejaban los marcadores al señalizar el recorrido.
Se dio la salida a unos doce o trece corredores y terminaron el recorrido solamente seis, realmente nos pareció aquello brutal.
Llegó primero a la meta Aurelio Alonso de Maraña, de todos conocido como una auténtica locomotora movida por esa fibra y esa técnica que todos le llegamos a conocer, llegó tan extenuado que al pasar la meta dio unos bandazos y cayó al suelo tan rendido que tuvieron que ayudarle a levantarse, por que él no podía. Estas escenas puedo deciros que las recuerdo con tanta claridad que no se me borraron jamás de la imaginación, por lo que me impresionaron siendo un chaval de 15 años, pensé que el fondo jamás lo correría y el destino fue que llegué a correrlo con bastantes buenos resultados y que esta especialidad en los quince o veinte Km., que era lo corríamos en los campeonatos nacionales, daba tiempo para pensar en todo y, una vez metido en la carrera, el secreto de resistir esas brutales distancias era el aceptar disfrutar del sufrimiento, esto parece que no suena bien, pero así era realmente.
Seguido a Aurelio, llegó otro grande del fondo, Manolo López Muñiz de Cofiñal, con descendencia de Maraña, un mocetón atlético, un prototipo ideal de fondista nato, espigado, fibroso y rubio como los famosos fondistas nórdicos, poseía una gran técnica, por lo que corría con aparente poco esfuerzo, además tenía gran resistencia, en definitiva, muy completo. Como Aurelio, llegó roto a la meta, totalmente desfallecido. Manolo, quedaría primero al año siguiente (1.955) en el campeonato provincial de Maraña.
En tercer lugar llegó Gerardo Valbuena de Acebedo, otro con una gran condición física de fondista, fibroso, fuerte y con gran coraje, muy necesario para esta clase de deporte, luchó muy fuerte para coger a Manolo por lo que el esfuerzo fue mayúsculo ya que la carrera fue un autentico pique entre los tres y esto en la meta se notaba y llegando al limite como los otros. Gerardo Valbuena, bastante conocido en la zona, tenía unas grandes condiciones para el fondo por su constitución y fortaleza, fue una pena que se hubiera retirado tan pronto pues de aquella, yo creo que era uno de los mejor constituidos físicamente para haber sido un gran campeón. También lograron terminar esta carrera otros tres corredores: 4º fue Octavio de la Uña, Cirilo González de Maraña y Luis Diez de Acebedo, no logrando terminar el recorrido otros seis corredores, que optaron por retirarse.
Sobre esta carrera que tanto impresionó a todo el público y esquiadores que la presenciamos hubo comentarios de toda índole: “esto es inhumano”, “esto es brutal”, “esta carrera no se debía permitir”, los mayores decían: “nunca dejaré a un hijo que corra esta barbaridad de prueba”; la verdad, nos dejó una muy mala impresión, se siguió hablando mucho de esta especialidad.
Todo esto que os comenté tuvo lugar el sábado, y llegó el gran día, domingo, en el programa estaban las pruebas de descenso y salto, hacía un buen día de sol. La montaña entera se volcó por todos los medios en Maraña, de aquella los pueblos estaban a tope de gente y era tanta la afición que existía por el esquí, que tanto jóvenes como mayores acudieron en masa para presenciar lo que realmente era una novedad, se calcularon unas tres mil personas, que se fueron muy satisfechas del espectáculo vivido, total un día de gran fiesta en Maraña, que ya después de entregados los trofeos terminó con un gran baile.
Acudieron participantes de toda la provincia, y por supuesto de casi todos los pueblos de esta zona. La carrera del descenso con un recorrido de 1,5 Km. estaba marcada en la ladera norte del Mampodre que mira hacia Maraña, la lista de inscritos era bastante abundante, pero la de participantes reales quedó reducida a unos pocos, pues la realidad era que muchos no estaban capacitados para bajar aquellas fuertes y largas pendientes con unos grandes desniveles y como mal menor optaron por no participar. Así que la competición quedó reducida al equipo de los magníficos y algún atrevido de estos pueblos.
La expectación era enorme y había ganas de que aquello empezara, el gran favorito, como no, era Acacio de Maraña, y así fue, realizó un descenso que impresionó a todos haciendo el delirio del público que no estaba acostumbrado a ver estas velocidades, parecía desde lejos como un águila volando a ras de la nieve, pasó por un falso llano que reducía bastante la velocidad, donde estaba mucho público, patinando e impulsándose con los bastones de forma que apenas perdió velocidad y enfocándose en la última fuerte pendiente entró en la meta como una exhalación, el público quedó impresionado, estuvimos aplaudiendo mucho tiempo porque aquello era realmente emocionante (estamos hablando del año 1.954).
Entre los organizadores y técnicos que conocían el tema se comentaba que arriba quedaba otro esquiador que podía acercarse al tiempo realizado por Acacio, se referían a Alfredo Cascallana de Busdongo, un esquiador supertécnico y estilista al máximo, como así lo demostró en una hábil, técnica y decidida bajada, que también gustó mucho al público, valiéndole para quedar subcampeón, delante por pocos segundos de otro grande, el gran Aurelio, que el día anterior había ganado la brutal prueba de fondo y que posiblemente no estaría muy repuesto después de la paliza. Los demás componentes del equipo de los “magníficos” Pepe Barba, Amancio, Cirilo, Valter y Manolo Yales, también hicieron una muy buena bajada con dominio y seguridad, fruto de los tres cursillos que habían recibido con un entrenador, quedando bastante claro para todos los que estábamos empezando, que uno por su cuenta nunca llegaría a conocer la técnica y el dominio de los esquís y que esto se consigue de la mano de un buen profesor o entrenador.
Terminada la prueba del descenso, el público acudió al lugar donde se iba a celebrar la competición del salto en la pista denominada “Los Cantos” donde estaba construido artificialmente el salto, este consistía en un muro de nieve de aproximadamente 1,80 m. de altura, la pista de salida era de fuerte pendiente hasta el salto y en la pista de vuelo y aterrizaje la pendiente era más suave y terminaba en un llano para poder parar más fácil. La participación, como se podía suponer, se reducía a Acacio Alonso que era el único que había entrenado esta especialidad que iba muy bien para la valentía que todos conocíamos de este esquiador, con un gran entrenador como era el suizo Valter Foquer, y además Acacio estaba equipado con material exclusivamente de salto, los esquís de fabrica, de 2,20 m. de largos, más anchos que los normales y en la suela tenían tres canales para que al tomar contacto con el suelo marcharan paralelos, la sorpresa fue que había inscrito alguno más y entre estos había uno muy especial.
Cuando los responsables de la organización por medio de la megafonía anunciaron que iba a tomar la salida el primer participante Acacio Alonso de Maraña, el público que abarrotaba los dos laterales de la pista de vuelo y aterrizaje quedó en silencio y expectante, vimos como Acacio se lanzaba por la pendiente de impulso y que al llegar al muro del salto salió al aire como un pájaro y con la velocidad que llevaba en el vuelo producía un ruido en choque con el aire como un silbido que nos encogió y nos impresionó a todos, fue a tomar contacto con la nieve a casi 40 metros en un aterrizaje perfecto y con una seguridad total, el gentío fue un clamor de aplausos y gritos que duró varios minutos, alucinando de lo que habíamos acabado de presenciar.
El gran Acacio, ese mismo día, hizo otros dos saltos más con la distancia casi similar en los tres, y en cada uno de ellos se llevó una salva de aplausos que todos juntos serían de más de un cuarto de hora.
La gran sorpresa de ese día la protagonizó un joven de Acebedo que después se haría bastante famoso en otro deporte popular en la zona como es la Lucha Leonesa, su nombre Miguel Álvarez Lavín. "Miguelín" en el mundo de la Lucha, que con su gesta quedó catalogado como un autentico "Camicace", pues con un material de esquí bastante deficiente y un desconocimiento total de la técnica del salto había que estar en posesión de una valentía y una decisión casi rayando en un autentico suicida, pues era fácil suponer que de no aterrizar con seguridad, el "leñazo" podía ser brutal, como así sucedió. Comenzó Miguel en la rampa de salida bastante arriba así que se presentó en el muro de salto con buena velocidad empezando el vuelo al revés, pues al salir del muro se quedó sin dar el impulso hacia delante y al quedar retrasado fue volando dándose la vuelta hacia atrás, total que al tomar contacto con la nieve lo primero que posó fueron los hombros y la espalda con los esquíes hacia arriba y saliendo de rebote hacia delante dando dos o tres vueltas de campana hasta llegar al llano, realmente una caída tan brutal que los que aquello presenciamos quedamos atónitos y asustados pues pensamos que no podía quedarle un hueso sano al suicida Miguel. Este, tras levantarse con ayuda de algunos espectadores, comprobar que estaba vivo y sano y pasarle el lógico susto, después de un buen rato pide hacer otro salto alegando que el fallo había sido que se había retrasado al dar el impulso al salir al vuelo, así que el público otra vez en tensión esperando ver si Miguel acababa bien y sucedió lo mismo que la vez anterior, pero más brutal el "leñazo" por que había cogido más altura, unos 5,50 m. y avanzando unos metros más, unos 36 m., y digo más brutal que la primera ya que esta vez lo primero que posó fue la cabeza y los hombros, que según técnicos y médicos de la organización corrió un alto riesgo de ocasionarse alguna lesión grave, prohibiéndole hacer más saltos por considerar que había demostrado que desconocía totalmente la técnica del salto, que había hasta podido matarse, dejándonos a los allí presentes alucinados que después de esas dos brutales caídas no había sufrido ni una simple torcedura. Así que Miguel Álvarez de Acebedo en este campeonato fue uno de los grandes protagonistas por su valentía. También en 1.955 y 1.956 corrió los campeonatos de España como fondista.
Y Terminado el salto, acto seguido se procedió con gran organización en las escuelas de Maraña la entrega de trofeos presidida por altas personalidades y autoridades que de todas partes habían acudido a presenciar lo que sería el mayor acto deportivo de la historia en esta zona y un paso firme de lo que más adelante sería una historia de gran relieve deportivo y social que llegaría a tener gran eco a nivel nacional e internacional y llegando los esquiadores de Maraña a tener gran popularidad en toda la geografía española, defendiendo varios de ellos los colores de España por todo el mundo como seguiremos más adelante comentando.
Esta competición siguió celebrándose cada año ininterrumpidamente hasta entrados los setenta, y servía para seleccionar los esquiadores que representaban a León en los distintos campeonatos nacionales, tanto juveniles como senior.En los años 1.955-56-57 fue apareciendo gente nueva que despuntaba, como el caso de los hermanos Andrés y Manolo Sierra de Riaño, este último que falleció hace unos años, no puede leer ya esta parte de su historia que yo tengo el gusto de dedicarle por que además la amistad y el cariño que nos unía era casi de familia, realmente lo sigo recordando mucho.
Eran unos auténticos atletas hechos de una pasta especial, que llegaron a tener gran popularidad a nivel nacional por su fortaleza y resistencia, así como por su sencillez y amabilidad; llegaron a ser muy apreciados por los participantes de todos los equipos donde les conocían por los hermanos morenos de León, llegaron a hacer muy buenos resultados en el fondo y relevos, además Andrés corría también en Alpino con mucha efectividad. Yo tuve el honor de formar parte del equipo representando a León durante tres campeonatos de España seguidos, Vaqueira, Candanchú y Navacerrada, que aquí fue donde más cerca estuvimos de poder ser campeones de España de fondo en relevos, esto consistía en hacer un recorrido de 30 Km. en el menor tiempo posible, cada equipo constaba de tres esquiadores dando cada uno una vuelta al circuito de 10 Km. Esta carrera sería una autentica odisea. Salió Manolo para hacer el primer recorrido con otros 19 esquiadores, uno por cada equipo, y cuando llevaba recorridos unos 6 Km. y marchaba bastante destacado del resto de participantes, pegado al campeón de España de fondo Jesús Pérez "El Chusco" de Pajares, del equipo de Asturias y al cruzar por una ladera no se dieron cuenta que había una fuerte plancha de hielo y al llegar a ella no los sujetaron los cantos y los dos se cayeron arrastrándose por más de 150 m. a caer en la carretera de Cotos y claro, había que volver a subir para no quedar descalificados al mismo sitio donde habían caído, "El Chusco" optó por cortar y salir más adelante y como la carrera está vigilada por controles fue descalificado, el bueno de Manolo no quiso correr ese riesgo y subió al mismo sitio donde había caído, pero no se dio cuenta y subió por la parte de atrás volviendo a entrar en la plancha y con los nervios y el aceleramiento se volvió a marchar por el mismo sitio y tuvo el coraje de volver a subir y seguir en carrera perdiendo según los controles mas de 12 minutos en estas peripecias y claro, llegando el último a entregarme a mí el segundo relevo, seguí a darlo todo a ver si se podía recuperar lo perdido y además corrí impresionado, pues Manolo llegó a darme el relevo todo manchado de sangre ya que nuestro uniforme era en blanco y negro y destacaba más la sangre que se había producido al rasparse las manos y los brazos en la plancha de hielo. Ese año yo me encontraba bastante bien físicamente y realice el recorrido bastante fuerte, alcanzando y pasando a cinco o seis equipos, le entregé el relevo a Andrés Sierra en el puesto 10, y aquí si que Andrés demostró su casta y su fortaleza siendo al final de la carrera el corredor que en menos tiempo dio la vuelta al circuito de 10 Km. y entrando después de pasar a 6 equipos, en el puesto cuarto, a solo 8 minutos del primero, que deduciendo los 12 minutos que perdió Manolo nos hubiera sobrado tiempo para habernos proclamado campeones de España, pues los favoritos, el equipo de Asturias, habían quedado descalificados, pero esto es así y de tres corredores hay que tener suerte que a alguno no le pase nada.
Esta gesta de Manolo en aquel campeonato fue muy comentada y la opinión general era que ningún corredor del campeonato hubiese hecho esa gran hazaña de remontar para coger el recorrido por dos veces seguidas, al día siguiente salió en la revista de los campeonatos como el héroe del día. Esto que les estoy relatando fue en el año 1.959.