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EL POTRO

 

Texto Y fotos: Miguel Valladares.

Potro de Valbuena del Roblo.
Potro de Valbuena del Roblo.

El potro es un elemento distintivo propio de las comunidades ganaderas y como tal ocupa un espacio en la geografía rural de todos nuestros pueblos.

Su estructura básica son cuatro gruesos postes hincados en el suelo que conforman una planta rectangular. Lateralmente y a más de media altura, estos postes están unidos entre sí por otros horizontales, las Vigas. Una de las Vigas generalmente es fija mientras que la otra, el Rodillo, gira con el fin de poder izar al animal, aunque también podemos observar algunos ejemplares donde ambas ejercen de Rodillos y otros modelos en donde el Rodillo o Rodillos son independientes de las Vigas. Igualmente tanto en el frontal como la parte trasera los postes van unidos por unas vigas más cortas con el fin de asegurar la estabilidad del armazón. En la parte frontal está situado el Camellón, especie de yugo individual en donde se amarra la cabeza del animal a fin de inmovilizarlo lo que se consigue además del Camellón con la Camba y el Correón. La Camba es de madera, una llata arqueada en cuyos
Patinera.
Patinera.
extremos lleva unas cadenas, una de estas cadenas va fija en la Viga mientras que la otra tras pasar la Camba por debajo y tras las manos del animal va sujeta al Rodillo. El Correón va enganchado de igual manera que la Camba, antiguamente de cuero y más modernamente de restos de la cubierta de neumáticos va colocado también por debajo del animal y por delante de los cuartos traseros. La manipulación del o de los rodillos eleva al animal lo que imposibilita su movimiento y facilita la labor a ejecutar.

Es más que probable que los potros fueran levantados inicialmente por las juntas de ganaderos para uso común de todos los vecinos adscritos a un determinado concejo con el fin de poner callos, herraduras o simplemente practicar curas en las pezuñas a los animales según conveniencia de cada interesado. Con el paso del tiempo, y dado que en algunos pueblos proliferaran los potros, es presumible que se fueran levantando con carácter eminentemente particular.

Pese a la aparente simplicidad de este útil ganadero aún coexisten tres tipologías distintas de potros en algunos de nuestros pueblos. El modelo más antiguo que encontramos se distingue principalmente por carecer de Patineras, en su caso utiliza las Rodilleras, cuatro troncos de escasa altura, normalmente a la altura de las articulaciones de los animales, clavados en el suelo en los que se práctica en la parte superior un corte con el fin de mejorar la superficie de apoyo a las patas y manos de los animales a tratar.

Como modelo intermedio está el potro de Patineras, este se caracteriza porque los postes verticales a la altura de las rodillas o corvejones de los animales llevan una hendidura en donde va insertada la Patinera, pieza de madera con una muesca en forma de gubia para el apoyo de las extremidades del animal, existiendo asimismo variantes en cuanto a las formas de las Patineras como podemos observar en los potros de Barniedo o de Siero entre otros.

Y por último también encontramos en la Comarca potros de construcción mucho más reciente cuyo armazón e incluso el mecanismo de Rodillo son de hierro caso de uno de los potros Prioro, otro en Barniedo de Rodillo manual o el de La Uña entre otros.

Potro de Siero de la Reina.
Potro de Siero de la Reina.

 

 

 

EL HERRAJE

El Potro, artilugio en el que se introducía el animal y por medio de un sistema de rodillos y correas, se le suspendía en el aire, o solo se le permitía apoyar una o dos extremidades.

Para herrar, usaba el herrero, el martillo de herrar, tenazas, pujabante, clavos etc.. El pujabante es una especie de espátula alargada y plana para rebajar el casco de la caballería y poder asentar correctamente la herradura.

Cuando era necesario poner todas las herraduras, se comenzaba por las patas delanteras. Apoyando el casco de la pata sobre su rodilla, se rebajaba el casco con el pujabante o la cuchilla, para que quedara bien liso y limpio, probando nuevamente el asiento de la herradura en el casco.

Después se clavaba la herradura, siempre a partir del vetasco hacia el exterior, pues de lo contrario se dañaría al animal y podría quedar coja. Los clavos se introducen un poco inclinados, de dentro hacia afuera y cuando sobresalian del casco, se remachaban para que no se desprendiera la herradura. (Pedro Domínguez)

 

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