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EL ESLA

 

Texto: Aurelio Rodríguez Puerta

Puente de Acevedo.
Puente de Acevedo.

Los geógrafos son gente curiosa, metódica, que describen los paisajes, miden las cumbres, sitúan las poblaciones, observan el clima y dan fe de la vegetación y cultivos.

Por lo que se refiere a los nombres, un buen geógrafo ha de pisar el terreno, hablar con las gentes que lo pueblan e ir tomando nota de los nombres que los nativos dan a sus montañas, valles, ejidos, collados, ríos y arroyos. Es la toponimia de un país la capa más profunda de un idioma: tras los nombres ásperos o sonoros y siempre misteriosos, laten nuestros más remotos orígenes. ¿Qué significan Llánaves, Magánaves, Gurguriello, Tendeña, el Hedo de las Urentes, Llavarís ... nombres todos de nuestra comarca que aparecen en los mapas y utilizan las gentes para poder situarse en la complicada geografía de sus valles? ¿y qué hacer cuando uno de esos nombres, su propiedad, su uso exclusivo se convierte en un litigio histórico, en un pleito mal resuelto, en una disputa inútil y permanente?

Puente de Boca de Huérgano. Foto: Salvador González.
Puente de Boca de Huérgano.
Foto: Salvador González

Un topónimo tan inocente como historiado en su devenir etimológico : Astura, Estura, Estula, Stola, Estla, Ezla, Esla, ha resultado ser un problema comarcal.

Un geógrafo imaginario y bien intencionado que llegara a estos valles sin ninguna información previa y preguntara a cualquier habitante del Valle de Burón por el nombre del río de su pueblo escucharía: "Este río es el Esla". Pero si formulara la misma pregunta a cualquier habitante de Tierra de la Reina, de cualquier edad o condición, la respuesta sería la misma.

¿A quién haría caso el imaginario geógrafo?

Puente de Vegacerneja.
Puente de Vegacerneja.

Sin prejuicios ni influencias, quizá empezara a estudiar ambos ríos. Consultaría en los manuales al uso qué se ha de considerar en la confluencia de dos ríos para llamar a uno principal y al otro afluente: El caudal, la longitud, la fuente más abundante, las cumbres más altas que limitan su cuenca, la extensión de su cuenca... Observaría que el río de Tierra de la Reina recibe sus caudales de cumbres más elevadas: Circo del Pico Tres Provincias, 2480 metros, Pico las Lomas 2450, Pico Murcia 2341, Coriscao 2234.

Barniedo.
Barniedo. Foto: Aurelio Rguez.

Observaría también los dos poderosos manantiales: en Maraña, al pie del macizo de Mampodre y en Valdosín, manando sin fatiga aun en los meses de mayor estiaje. Puntuaría todos los aspectos citados y, al fin, ninguna puntuación favorable a uno u otro concluiría con la tenaz voluntad de los habitantes de ambos valles de llamar a su río ESLA.

Fuente de Maraña.
Fuente de Maraña. Foto: Aurelio Rguez.

Muchos han investigado los orígenes del Esla, con más pasión que acierto. Don Antonio de Valbuena, de quien se ha hecho en esta Revista Comarcal una cumplida reseña bio bibliográfica, leyó en la Sociedad Geográfica de Madrid una conferencia, en junio de 1893, bajo el título "Sobre el Origen del Río Esla". Describe minuciosamente cada fuente y arroyo que fluyen hacia Riaño, punto desde el cual nadie discute ya el nombre, y cita como puntos fuertes de su argumentación dos documentos: El primero del siglo XI, que alude a una heredad "Santi Martini in villa de Iscaro in territorio Baradone, discurrente fluvio Yusu, et alia parte, flumine Ocza.. "

En el segundo documento del siglo XII, se citan en unas escrituras del Monasterio de Sahagún, junto al río Esla, lugares que se encontraban entre Riaño y Pedrosa.

Fuente de Valdosín.
Fuente de Valdosín. Foto: Aurelio Rguez.

La conferencia, además, demuestra la nula fiabilidad de los mapas en la época en que está escrita, las contradicciones en las que caen los libros teóricamente más documentados como el Diccionario Geográfico de Madoz, que tan pronto sitúa al Esla naciendo en Tarna como, en otros artículos situando a Villafrea y Barniedo a orillas del río Esla, lo cual es una gran contradicción, pero sí demuestra la poca importancia hasta el siglo XIX e incluso mucho más acá, de estos valles lejanos de las sedes de los Institutos Geográficos, mal comunicados con la capital estatal y provincial, de muy escaso interés económico y sólo con el interés político de las levas para servir al Rey en las numerosos conflictos bélicos. Más tarde, claro está, el interés mayor de la zona fue la producción de kilovatios.

La Hoz de Llánaves.
La Hoz de Llánaves.

Otro dato a considerar es el significado de "yuso", que es palabra castellana, pero no sustantivo, sino adjetivo. Puede acompañar por tanto a los nombres y, de hecho la encontramos en expresiones como "prao yuso", "Monasterio de Yuso" , y este origen pudiera tener la expresión "río yuso". Su significado es "de abajo" como "suso" significa "de arriba". "Yuso" no es pues nombre de nada, sino un adjetivo que indica que está en la parte de abajo, por oposición a "suso" que está en la parte de arriba. Compruébese la situación de los monasterios riojanos considerados cuna de la lengua castellana: Monasterio de Suso y Monasterio de Yuso, como ilustre ejemplo.

Río Riosol.
Río Riosol.

Mucho más tarde, cuando ya la ventruda presa estaba preñada de los peores augurios, los entonces aprendices de escritores Pedro Aparicio y José María Merino publicaron el libro "Los Caminos del Esla" (León 1980. Everest). En él, tras entrevistar a habitantes de uno u otro valle, de dejar alguna estampa de la decadente comarca, optan por ser jueces y declaran a la fuente de Valdosín como la fuente del Astura. El estado de la cuestión quedó donde estaba.

Sabero, la Calle de Atrás.
Valle de Valdosín.

"Y en estas disputas- decía la fábula de Iriarte- llegaron los perros// pillan descuidados// a mis dos conejos..." y terminaba con la moraleja: "Los que por cuestiones// de poco momento// dejan lo que importa// llévense este ejemplo.

¿Será preciso explicar la fábula como hacían los curas con las clarísimas parábolas evangélicas? ¿caeré en la tentación de decir quiénes son los perros y quiénes los conejos?

Río de Lechada.
Río de Lechada.
Foto: Salvador González.

Las claras aguas de los ríos que confluían en Riaño se estrellaron como un toro manso en el peto de hormigón del muro y comenzaron a recular hacia la querencia, hacia atrás, hacia sus fuentes. Y hacia atrás, aún me suena la voz de una vieja recalcitrante, de un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, en vísperas de abandonar su casa y su valle: "Ahora vamos a ver qué río lleva más agua y qué pantano se llena primero: el de Burón, o el de Pedrosa". Otros, insolidarios, se alegraron por la suerte del orgulloso Riaño, del prestigioso Burón, de la altanera Pedrosa en su vega, pensando heredar capitalidad, territorio, riqueza. Por aquellos días comencé a escribir unas consideraciones sobre el Esla, los Eslas. Lo normal hubiera sido que los mal avenidos valles se hubieran defendido de los perros de la fábula, unidos ante el peligro común. Pero no. "Rabos de lagartija" titulaba yo aquellos escritos. Y es que, separado el rabo de la lagartija, éste, parece recobrar movilidad: se contorsiona, salta del suelo, se arquea, cuando antes se limitaba a arrastrarse detrás del cuerpo. Así se comportaron los desconectados valles al perder la cabeza, más vivos que nunca, llenos de curiosos de desastres ajenos, de demandantes de refugio, de peticiones de terrenos para construir viviendas, de consumidores del alcohol del olvido, todavía con algún dinero de justiprecios y expropiaciones. Los rabos de lagartija saltaban más vivos que nunca.

Después de tal contorsión epiléptica, se fueron muriendo, se han ido muriendo, sin que los avances de la técnica les haya podido injertar otra cabeza, otra columna vertebral que no esté rota. Los últimos habitantes de estos valles, si llega un geógrafo confuso, quizás sigan hasta la última contorsión discutiendo sobre las esencias, mientras llegan los perros.

Algún habitante de estos valles, con alguna autoridad y menos localismo (el más pobre de los nacionalismos), como mi antepasado Valbuena, pudo proponer en su conferencia del año 1893 que había dos Eslas: El Esla Oriental y el Esla Occidental; o El Esla Suso y el Esla Yuso; o el Esla de Burón y el Esla de Tierra de la Reina. La solución no es muy original: En el Pirineo hay dos ríos Noguera: El Noguera Pallaresa y el Noguera Ribagorzana; o, por citar más ilustres ríos: El Nilo Blanco y el Nilo Azul.

A pesar de que "en estos rabos de lagartija", aún se notan pequeñas contorsiones, soy pesimista: Volverán los productores de kilovatios y repetidamente comprobarán que las animosas aguas de las fuentes del Esla son capaces de llenar este pantano por Navidad... y proyectarán nuevas presas, aguas arriba en ambos valles, y se terminará la discusión.

Cuélebre Binario