
Si intentamos indagar sobre la antigüedad de este asentamiento nos encontramos con la realidad de una falta total de documentación hasta el siglo XIII. Horcadas es una Villa enclavada en la parte alta del valle del mismo nombre, surcado por un río en el que confluyen aguas de diversos manantiales. La iglesia mencionada por Madoz hacia 1845 dedicada a San Miguel, situada en algún paraje entre Huelde y Horcadas, y la existencia del topónimo Los Casarines en sus inmediaciones conjeturan que este pueblo no fue el único asentamiento que hubo en el valle.
Lo realmente cierto y documentado es que hasta el siglo XIII no se encuentra ninguna mención expresa de Horcadas; en 1215 dos hermanas Sancha y Monia aparecen cediendo sus heredades al Monasterio de Sta. María de Gradefes, entre las posesiones que donan se mencionan las que poseen en Horcadas, Carande, Pedrosa y Sajambre. Las pistas de estas heredades nos trasladan a 1257, 42 años adelante, la abadesa del Monasterio de Gradefes permuta estas mismas heredades con un tal Don Guillen, en ambos documentos se hace constar que además van incluidos sus vasallos, cosa significativa pero no única en el espacio de la Montaña. Esta permuta debió ser de alguna manera temporal, 38 años después, 1295, estas heredades figuran de nuevo como pertenecientes a la Abadía de Gradefes a quien sus vasallos pagan tributo.
El vacío documental tras este breve periplo de 80 años dura casi tres siglos, finales del XVI, el Rey, por entonces Felipe II, concede un 1 de enero de 1590, las alcabalas de Horcadas y Carande a Juan de Tovar Señor de Tierra de la Reina, a cuya línea nobiliaria le sería más tarde concedido el título de Marquesado de Valverde de la Sierra.
También sabemos que en 1652 el Rey Felipe IV osó incluir a Horcadas y Salio en la relación de pueblos a quienes pedir "donativos" con que costear las continuas guerras que éste mantuvo durante su reinado: católicos, Francia y Portugal, protestantes, Flandes, Cataluña y la revuelta de Andalucía.
De las noticias procedentes del Catastro de Ensenada y del Diccionario de Madoz ya podemos hacernos una idea virtual de la Horcadas de los siglos XVIII y XIX, idea, que por otra parte, y en lo substancial no difiere de la pueda ofrecer en la actualidad, principios del XXI.
Un 27 del mes de Julio de 1752 con sus autoridades al frente se declara que Horcadas tiene categoría de Villa y está vinculada al señorío de la Marquesa de Valverde de la Sierra a la que pagan derechos de foro y alcabalas. Rozan la centena de almas; suman 24 vecinos y 10 "habitantes", dedicados a la agricultura y ganadería; 7 son pobres de solemnidad, 4 viudas. Disponen de 24 casas habitables, otros 7 inmuebles aparecen con signos de deterioro o ruina, completan las edificaciones existentes 20 hórreos, que no pagan impuesto de suelo, y la iglesia, situada en la parte alta del pueblo y dedicada a San Cornelio y San Cipriano.
Principalmente cosechan centeno con producciones muy limitadas, este déficit lo compensan elaborando madera que intercambian por grano en los mercados y ferias de Tierra de Campos. En tiempos de malas cosechas se vieron obligados a recurrir a créditos como se desprende del desglose de sus gastos, por entonces pagaban 36 reales al cura de Salio, quien les prestó 1200 ante una grave necesidad de grano.
Entre los servicios de los que disponen y ellos mismos se costean, se encuentra el educativo, un maestro y el sanitario, un cirujano. Disponían así mismo a su servicio de un barbero sangrador y un castrador.
En cuanto a industria, ésta se fundamentaba en un batán y dos molinos harineros en funcionamiento, el de Las Vegas y la Pisa en el arroyo de la Hoz, fuera de servicio estaban los del Molinico, Moliniello, el de la Fragua y el de la Hoz.
Los límites del Concejo se sitúan entre los 1400 metros de este a oeste, Carande-Huelde y los 4200 de norte a sur, Riaño-Tejerina. Tenían terrenos mixtos con Huelde: la Pedrera; Las Cuetas y Valderín con Carande y Peña Lampa con Tejerina. Parte de sus terrenos los arrendaban para pasto del ganado foráneo, lo que obtenían de estos terrenos suponía el total de los ingresos del Concejo, con ellos hacían frente a sus numerosos gastos.
El siglo XX de Horcadas tiene mucho en común con el resto de pueblos de la Comarca, a medida que avanza el siglo se observa de forma generalizada una mejora en el sector agropecuario tanto en las producciones como en las técnicas, lo que unido a otros problemas que emanan del propio desarrollo del mundo rural, libera un buen numero de manos, la consecuencia inmediata fue un primer movimiento migratorio con un flujo que en el caso de América fue bastante significativo. Hacía mitad de siglo comienza una segunda fase, en ésta tiene mucho que ver la mecanización del campo, en este caso el desplazamiento es básicamente interior y el flujo se dirige principalmente a las ciudades que ofrecen más posibilidades de expansión, Madrid, Barcelona o Bilbao. Quizá actualmente estemos inmersos en una tercera oleada migratoria con un destino aún mucho más próximo, lo que hace de esta una emigración un tanto peculiar.
La Horcadas del siglo XXI presenta numerosas y notorias transformaciones, en primer lugar y quizá motor de todas las demás, hay que señalar el fin del aislamiento que supone el estar lejos de las vías de transito, ahora el pueblo no se intuye, se ve, con lo cual además de notoriedad gana peso especifico en el contorno.
Pero la mayor transformación está en sus vecinos, en su capacidad de trabajo sin olvidar el "viejo" sentimiento de lo colectivo. El resultado de este trabajo, bien consensuado y guiado, se deja ver en cada rincón del pueblo, en donde destaca sobremanera la limpieza, el buen gusto y la perfecta armonía entre lo privado y publico.