
Muchos son los vecinos de la montaña que dedicaron y dedican el tiempo de invierno a las labores artesanales. La piedra y la madera han sido siempre los principales materiales con que se contaba para trabajar y de donde se obtenían tanto lo necesario para construir las viviendas y cuadras como aquellos enseres imprescindibles para labrar la tierra o para facilitar alguna comodidad en las austeras casas de la montaña.
Aunque hubo canteros, tallistas y carpinteros muy reconocidos en la comarca, lo más destacable es que en casi todas las casas había alguien que se sabía manejar en estos menesteres. En la actualidad muchos han abandonado esta actividad, pero algunos otros la han mantenido por gusto, variando a veces el tipo de trabajos realizados, ante la falta de necesidad de seguir haciendo madreñas, arados, yugos o carros.
José María Díez Sánchez, más conocido en Sajambre como "Pepe el de Soto" es de esos ganaderos de toda la vida al que siempre le gustó tallar la madera, sin que esta actividad fuera nunca su modo de vida. Pepe cumplió ya los 65 y está jubilado, soltero y al parecer sin compromiso. Vive en Soto de Sajambre al mismo pie de la Senda del Arcediano y desde hace algunos años, tras ver algunos rabeles y oírlos tocar a un vecino, comenzó a vaciar piezas de madera para construir estos antiguos instrumentos, rústicos violines que a buen seguro animaron muchas noches de fiesta no hace tanto tiempo en toda la Comarca.
Pepe nació en Soto y siempre ha vivido allí, confiesa que siempre le gustó enredar en la madera y así lo demuestra el espacio que tiene reservado al taller y, aunque nunca le dio por hacer madreñas, siempre fue capaz de satisfacer la necesidad de utensilios de su casa. Asegura que en cierta ocasión se quedó mirando un rabel y pensó en que podría construir alguno aunque nunca lo había hecho y se puso a la tarea. Pepe utiliza la técnica de vaciar una pieza de madera maciza que darán lugar al cuerpo y al mástil, pero confiesa no tener muy claro de qué material poner la tapa, si de piel de cabra o de madera. Esta es la técnica reconocida como la más antigua de fabricación de rabeles y con las mismas dudas, ya que los rabeles populares solían llevar tapa de piel de cabra u oveja hasta que la precisión de las herramientas permitió ponerles tapas de madera e incluso, cuando comenzaron a circular los envases de latón, de este material poco disponible con anterioridad.
Los arcos, bien pulidos y tallados, los acondiciona con cerdas de cola de caballo seleccionadas y sin desflecar para que a la hora de rascar las cuerdas arranquen un sonido más vivo.
Ahora también viene dedicando su tiempo a satisfacer algunos caprichos de sus vecinos, como carretillas de madera para los jardines y otros tipos de adornos. Como tantos otros, Pepe el de Soto no es un profesional, pero tiene maña para la madera y ahora, tras la jubilación se ha convertido en su pasatiempo principal, aunque de momento afirma no saber tocar los rabeles que él mismo construye.