EL VINO Y... LA MONTAÑA
     
Las noticias más antiguas relacionadas con la elaboración del vino las encontramos en las culturas de la antigua Mesopotamia, Siria y Egipto. El hallazgo de un recipiente con restos de vino encontrado en lo que hoy es Irán se dató en torno al año 3.500 a. C.
Lavando las cubas de 40 cántaras antes de ir a campos.
Introducido a gran escala en la Península por los romanos, inventores de la viticultura, a la llegada de los pueblos germánicos decae el cultivo de la vid, convirtiéndose prácticamente en un cultivo de tipo monástico, necesario para la celebración de los sacramentos cristianos. En este contexto encontramos pruebas documentales de la existencia de viñedos en Escaro, en San Martino entre Escaro y Vegacerneja, a finales del siglo X o en Valdoré allá por el 1.003.
Hay que esperar hasta el siglo XII para que el vino empiece a recuperar el espacio perdido en el campo de la agricultura y aún mucho más tiempo para verlo como mercancía objeto de trato.
Desconocemos cuando tuvo comienzo el acarreo del vino en nuestros pueblos, tanto a escala personal como Concejil. En el caso de nuestra Montaña lo cierto es que este rico elemento no lo encontramos documentado directamente de nuevo hasta finales del siglo XVI, aunque de sus Ordenanzas se desprende que este proceso se iniciara masivamente a finales del siglo anterior.
Carro de ruedas chillonas. Foto: A. González Matorra.
El Concejo de Pedrosa del Rey con motivo de la presentación de sus cuentas ante el fisco en el año 1.585 en el que los 44 vecinos del Concejo declaran, entre otras cosas, que cuentan con una taberna que, como nadie la quiere atender, la cuidan entre todos los vecinos, y que para el periodo 1.583-1.584 compraron para el Concejo 400 cántaras de vino, a razón de 200 por año; bebiéndose, en aparente armonía, un total de 6.452 litros en dos años. También lo encontramos en la tarifa de un zapatero que lleva a cabo su profesión en el pueblo de Escaro, así el precio estipulado por un par de zapatos de suela alcanza los 4 reales, 17 maravedíes y un azumbre de vino, poco mas de 2 litros.
 

Hay que esperar al siglo siguiente para encontrar algún detalle sobre este vino que consumían todos los Concejos, así en las Ordenanzas de Acebedo de 1.623 y en las de Barniedo de 1.632 vamos encontrando algunas pistas tanto referentes a su consumo como a su trasiego.
En primer lugar hay que hacer saber que a partir de 1.622 se van a ir promulgando una serie de disposiciones que mejoraran y aseguraran, tras cierto pago, la arbitrariedad de las carrerías. En la ruta del Cea sabemos que se pagaban impuestos por valor de 24 maravedíes por carro, mientras que por Guardo los contenciosos por los abusos duraron más de veinte años.
Llevando vino a Valdeón. Foto: Encarna González.
EL VINO DEL CONCEJO
Pero vamos al vino, “Y el que metiere vino de fuera aparte no siendo de Campos...” amenaza en Acebedo el articulo 21 de sus Ordenanzas. Efectuaba este Concejo para sí 3 carrerías al año; la primera “que se hace por el mes de marzo de cada un año, se junte el Concejo a son de campana tañida, y en concejo abierto se eche la echazón del vino”; las otras dos, con idéntico protocolo, tenían lugar una por San Juan y otra en el San Miguel, entre viaje y viaje no se movía el precio, “... si no es bajándolo ...” .
En las Ordenanzas de Barniedo encontramos un detalle cuando menos curioso para su época, el Concejo nombraba unos “veedores”, auténticos sommeliers, que probaban todo el vino que se vendía en el pueblo, vendiera quien lo vendiera, “... para que se lo pongan, conforme fuere la echazón de la tierra. Y vean si es vino de vender o no”.
Vasos del Concejo de Boca de Huérgano y “Picheta” de madera para escanciarlos.
Evidentemente la mayor parte del vino de estas carrerías era para los gastos propios del Concejo, festividades, hacenderas y otros eventos comunes, la otra parte de este vino trasegado se vendía en las tabernas ...

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