
Cuénabres es uno de los pueblos "malditos" que, por el hecho de quedar fuera de las actuales vías de comunicación, pasa por ser un perfecto desconocido. Y es una verdadera pena pues la historia de Cuénabres es un punto de referencia indispensable para la comprensión de la historia de esta Comarca.
EL VALLE DE FRAÑISQUERA
El valle de Frañisquera desciende por la cara sur de la Sierra de la Cebolleda, límite con el Concejo de Valdeón, orientado de norte a sur corre semiparalelo a otros valles pertenecientes a la margen derecha de la cuenca del río Orza, caso de los Valles de Cosoya y Valcarque. Valle de espléndida primavera y colorido otoño cuenta a medio valle con unos impresionantes picos a modo de molares calizos en su ladera oeste: Peña Llampa, la Peña del Boco, Peña Chica y la Peña Pequeñina.
Frañisquera está regado por el río del mismo nombre, tiene sus fuentes en las faldas de Pico Cebolleda (2.044 m) y en su breve recorrido, no supera los 2.500 metros de longitud, salva un desnivel cercano a los 200 metros. A pesar de su escaso trayecto recibe varios cursos de aguas menores antes de su confluencia con el Orza, todos ellos por la orilla derecha.
EL PUEBLO
Partido en dos por el río, el actual casco urbano se encuentra ubicado en un pequeño llano a medio valle rondando los 1.278 metros de altura. El área de construcción sé a ido desplazando hacia el norte durante el último siglo alejándose del antiguo centro poblacional que giraba en torno a la ermita del Nazareno.
Entre sus actuales edificios destaca sobremanera su iglesia, un templo de finales del siglo XIX dedicado a San Miguel Arcángel, una magnífica muestra de piedra de sillería. El santuario de planta rectangular, edificado con la inestimable colaboración de Juan Vargas y Díaz Caneja, consta de una sola nave de techo abovedado no destacando en su interior atributos arquitectónicos, pese a ello el conjunto de la construcción, tanto interior como exterior muestra una sobria esbeltez.
El retablo del cabecero de la nave esta ocupado por tres imágenes, en el centro la Virgen de Lourdes acompañada a su derecha por San Miguel y a la izquierda la del Sagrado Corazón. Otros dos retablillos menores ocupan los laterales del presbiterio, a la izquierda del altar las figuras de San José, San Antón y San Antonio, en el lado contrario la Virgen del Rosario escoltada por las de Santa Marina y el Carmen.
Completa su patrimonio la iglesia con la presencia de un valioso instrumento musical, un armonio y de dos cuadros de grandes dimensiones que decoran las paredes laterales de la nave, en uno de los lienzos se representa a Santa Rosa de Lima y en el otro un Cristo crucificado que curiosamente aparece ataviado con una falda.
LA PREHISTORIA
En torno a Cuénabres ya se ha constatado arqueológicamente la presencia de asentamientos de grupos humanos en la fase final del Paleolítico Superior hace la friolera de 10.000 años, gentes dedicadas a la caza y recolección. En las excavaciones llevadas a cabo se han hallado restos óseos de cabras montes y jabalís mayoritariamente, además de rebecos, ciervos, osos, lobos, liebres y gatos monteses, unos aprovechados por su carne y otros por sus pieles.
Hay indicios para sospechar de la existencia de un establecimiento fijo en el valle de Frañisquera, en el término del Corono, al oeste de la actual población. Se trataría de un asentamiento perteneciente a una fase posterior en la evolución del hombre, la introducción del pastoreo. Estos indicios son básicamente de carácter geográfico y toponímico. El topónimo Corón, y sus formas derivadas Corono o Coronas, tan extendido por toda la Comarca, aparece en la mayoría de los casos relacionados con antiguos centros de población o explotación hasta ahora relacionados con la cultura Castrense de la Edad de los Metales. El Corón, como descripción geográfica, es un monte de relativa altitud, excelente perspectiva y empinadas laderas que dispone además de una pequeña meseta, o bien en su cima o en alguna de sus pendientes.
LA EDAD MEDIA
Las primeras menciones documentales que conocemos relativas a Cuénabres datan de finales del siglo X, se trata de dos documentos pertenecientes a la Colección Diplomática de Sahagún, el primero fechado en el año 973 (C.D.S. nº 271) y el segundo cuando el Conde Sancho García la incluye en el año 999 en una de sus cartas de donaciones(1).
Tras estas reseñas Cuénabres desaparece documentalmente hasta los tiempos del Nuevo Régimen, posiblemente esta desaparición se deba a que el Concejo fue miembro fundador de la Merindad de Valdeburón, entidad que iba a absolver todo protagonismo cara al exterior de todos los pueblos que la integraban. Como Concejo independiente nombraba sus propios oficiales, gobernándose y administrándose bajo la tutela de sus propias Ordenanzas. Como Concejo adscrito a la Merindad participaba de manera proporcional en las obligaciones contraídas con la Corona, ya fueran de carácter militar, a través de la Hermandad o fiscal; a cambio disfrutaba de otras ventajas, como que sus términos no podían ser enajenados, siempre serían realengos, o que contarían con el privilegio de nombrar a su propio merino.
Como miembro activo de la Merindad Cuénabres hacía frente, de acorde a su potencial, a los pagos que la correspondían, fiscales, obras publicas o cubrir las propias necesidades del colectivo del conjunto de los pueblos. A cambio veía reforzada la defensa de sus intereses, disfrutaba de zonas de pasto exclusivas para sus ganados y entraba en el reparto de los excedentes de la propia Merindad.
LA VIDA EN CUÉNABRES
La supervivencia en Cuénabres nunca ha sido fácil, lo agreste del terreno y la altitud del emplazamiento siempre han supuesto un obstáculo y un límite para la subsistencia humana. En efecto, en este contexto Cuénabres no ha sido un pueblo agradecido por el medio, que a la postre es quien determina el potencial y el carácter de las poblaciones.
La agricultura, horticultura, cultivos y la ganadería han sido tradicionalmente la base fundamental de sustento en el valle. En la agricultura los cereales ocupaban la mayor extensión de cultivo, seguido por las legumbres y el lino. A zonas agrícolas se destinaban las tierras llanas, las laderas con terrenos más profundos y zonas en donde era posible el regadío. Los cultivos eran a dos hojas con importante incidencia del barbecho antes de la introducción de la patata.
La agricultura, más sujeta a las inclemencias del tiempo, no siempre alcanzó el estatus de subsistencia, por lo que siempre se hizo necesario complementar esta actividad con los acarreos a Tierras de Campos en busca de granos.
La ganadería siempre fue a remolque de la agricultura, la enorme extensión y mejor calidad de las tierras dedicadas a la necesaria manutención de la población delimitaba el espacio dedicado a prados y con ello el número de cabezas de ganado. Según el Catastro del Marqués de Ensenada de 1.752, Cuénabres contaba con 100 prados de regadío de un corte anual; 98 de secano también de un solo pelo y 11 de secano de producción bienal (2).
La cabaña ganadera de Cuénabres en el siglo XVIII se componía de las especies necesarias para un mayor aprovechamiento de los pastos existentes: Bueyes, vacas, caballar, porcino y en mayor proporción ganado ovino. Su número dependía de la cantidad de pasto para cada especie, y principalmente del aprovisionamiento de hierba recogida durante el verano, la realidad es que no se podía tener más ganado de lo que se podía alimentar en los largos periodos de estabulación invernal.
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(1)Riaño. Matías Díez Alonso, Vicente Pueyo y Jesús Egido. Diputación de León. Gerencia Urbanística de Riaño 1991.
(2) Arcaísmo y Modernidad en la explotación agraria de Valdeburón. León. José Luis Martín Galindo. Tierras de León, año IV. León, octubre 1964. Número 5. Especial. p-122.