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EL CUARENTA ANIVERSARIO DEL MIRADOR DEL TOMBO

 

Texto: Lorenzo Sevilla.

Quico Casado y un montañero
Quico Casado y un montañero
posando debajo del rebeco.

El mirador del Tombo en Valdeón, situado después de Cordiñanes en dirección a Caín, es un símbolo del valle desde hace tiempo. El rebeco metálico contra las paredes calizas es ya uno de los iconos más fotografiados por los visitantes que se acercan a los Picos de Europa por el lado valdeonés.

Fue un verano de 1.964, concretamente el 10 de agosto, cuando este mirador fue inaugurado coincidiendo con el IV Día provincial de las Comarcas, organizado por la Diputación de León y que se celebró en los valles de Sajambre y Valdeón.

Por aquel entonces, la sociedad deportiva "Montañeros de Peñalba" (La delegación de montaña del Casino de León) celebró un campamento internacional en Cordiñanes, si es que en aquella fecha algo hecho en este país podía tener carácter de internacional.

El caso es que entre la Federación de Montaña, la Diputación de León y el Ministerio de Información y Turismo, así como con la colaboración del Ayuntamiento de Posada, construyeron este mirador en memoria del que fuese Presidente de la Federación Española de Montañismo, Julián Delgado Úbeda, persona de reconocida pasión por los Picos de Europa.

Corza reforzada de Quico Casado.
Corza reforzada de Quico Casado.

El evento requirió de la colaboración especial de todos los vecinos de Valdeón hasta para facilitar el acceso de los vehículos, ya que hasta Posada se llegaba mal al no estar construida aún la carretera desde el cruce de Pontón, que tardaría aún más de once años, pero el camino era practicable para los coches por Pandetrave y Santa Marina. No ocurría lo mismo con el tramo entre Posada y Cordiñanes que tuvo que ser arreglado a base de hacenderas (o prestación personal) por los vecinos, para que los turismos consiguieran acceder a Cordiñanes.

Quico Casado en una cumbre del Central.
Quico Casado en una cumbre del Central.

En la época se alabó bastante el lugar del mirador, ya que desde él se divisaba directamente el Monte Corona, uno de los sitios donde, según las tradiciones más fiables, Pelayo fue erigido en Jefe de los Cristianos, dando con ello comienzo a ochocientos años de Reconquista.

En un lugar privilegiado del mirador se erigió una columna de piedras en cuya cima se colocó un rebeco de hierro en honor al indiscutible emblema de la fauna de la peña en los Picos, así como una cruz, también de hierro, que abre sus brazos en las tres dimensiones en honor a la memoria de Delgado Úbeda. En la base de la columna que sujeta el rebeco aparece una placa forjada en hierro con el nombre de " Escultor Coomonte", sin duda la firma del autor.

El rebeco del Tombo

A la inauguración asistió el entonces Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne (¡ya era ministro entonces!), lo que le dio cierta trascendencia al acto y la consiguiente promoción al mirador. Los vecinos de Santa Marina recuerdan como mucha gente del pueblo fue a esperar a la comitiva en la que llegaba el ministro al alto de Pandetrave, acompañando al cortejo hasta Santa Marina y luego hasta Posada.

Fraga Iribarne imponiedo la medalla a Quico Casado
Fraga Iribarne imponiedo la medalla
a Quico Casado.

Con este motivo y en agradecimiento de la visita de Fraga, los valdeones pusieron el nombre de una de sus hijas a una preciosa pica visible desde el mirador, que hasta ese momento se llamaba Pica Castro y a partir de ese momento pasó a llamarse Pica María del Carmen, si bien el nombre primigenio sigue identificándola aún entre todos los que la conocen. Desde entonces, una anécdota se cuenta en Valdeón sobre esta gentileza de poner el nuevo nombre a una pica tan emblemática y en la que se colocó una bandera en lo más alto, se trata de que al parecer, al ser informado el señor ministro del nuevo nombre de la pica, se quedó mirando a su hija y sonriente le comentó algo así como "¿Has visto hija que finca te han regalado?", lo que sorprendió a los valdeones allí presentes al sospechar que Fraga no se había enterado de que solo se le cambiaba de nombre y nadie hablaba de cambio de titularidad, ni mucho menos.

Reconocimiento a un pionero.

Detalle de la foto anterior.
Detalle de la foto anterior.

Pero también hubo un personaje local homenajeado durante el evento de la inauguración del mirador, hablamos de Francisco Casado Pérez, (Quico el de Santa Marina), que recibió la Medalla de Montañismo en su categoría de plata de manos del propio Fraga por su labor como conservador del refugio de Collado Jermoso, en cuya construcción ya había participado tiempo atrás y lo que le supuso convertirse en el primer guarda del primer refugio de montaña construido en los Picos de Europa. Quico fue también el que construyó el mirador por encargo de los patrocinadores ayudado por otros canteros de Valdeón. Varios vecinos recuerdan verle con una corza especialmente reforzada para llevar las grandes piedras al mirador desde donde se encontraban.

Mirador del Tombo

Al homenaje asistieron los tres hijos de Quico además de una muchedumbre de vecinos, no pudiendo estar presente su mujer, Generosa, que debió quedarse al cargo del teléfono público de Santa Marina, el único del pueblo, por si se necesitaba para alguna urgencia.

Tanto Generosa como muchos que le conocieron, recuerdan a Quico como un entusiasta de la peña, especialmente tras quedar al cargo del refugio de Collado Jermoso, con el que volcó su vida a partir de entonces y del que subía y bajaba tan a menudo como podía para portear víveres, herramientas y todo aquello que necesitaba, incluida la leña. Sin duda Quico fue de aquellos hombres legendarios que dedicaron buena parte de su existencia a que los Picos de Europa acabaran siendo la montaña por excelencia para muchos montañeros.

Placa del Mirador del Tombo

Al parecer la fiesta empeló bastante durante el Día de las Comarcas en todo Valdeón y, aunque no se tienen datos de los azumbres de vino que se gastaron, muchos de los presentes entonces aseguran que fueron bastantes y que la fiesta se continuaba en muchas casas de Cordiñanes. También había una cantina situada en el lugar del campamento y una pequeña tienda de suministros, cuyos precios reguló de antemano la propia Federación Española de Montañismo.

En el campamento se disponía de guías y porteadores de montaña que también tenían unas tarifas reguladas por la Federación, para facilitar la ascensión de cualquiera que lo solicitara, muchos de estos guías eran vecinos de Valdeón de reconocida valía para este cometido y hay quien asegura que bien valió esta ocasión para consolidarles como guías tras demostrar sus facultades y conocimiento del entorno.

Los montañeros que quisieron utilizar estos servicios proporcionados por guías y porteadores, tanto locales como venidos de diferentes sitios a través de la Federación, tuvieron que solicitarlo antes del 31 de Julio y según algunas fuentes hubo que dejar sin atender varias solicitudes ante la cantidad de ellas que se realizaron.

La alegría local por el evento fue justificada desde todos los puntos de vista ante lo que parecía el primer paso hacia la aventura del turismo como industria y que finalmente se convertiría casi en el único dado hasta la fecha, si exceptuamos la inauguración, tres años después, del mirador de Piedrashitas, cerca del puerto de Panderruedas y a la que asistió el General Franco.

Tras aquellas primeras apuestas por las infraestructuras turísticas no se ha vuelto a realizar ninguna otra infraestructura parecida o enfocada exclusivamente al turismo en el valle de Valdeón, pese a que ahora parece mucho más sencillo acometer empresas similares en los tiempos que corren.

El mirador fue restaurado y acondicionado con mejoras ya a cargo del parque nacional, recibiendo su último lavado de cara hace poco más de un año.

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