Hubo un tiempo en que Horcadas era una fuente de luchadores, hubo un tiempo en que la luche era algo mas que una disputa amistosa, en ese tiempo la luche formaba parte de la vida cotidiana de las gentes y no había consideración mas alta que ganar para tu pueblo la luche de la fiesta.
Horcadas, desde hace tiempo huérfano de luchadores, se ha quedado huérfano de Cipriano, su más nombrado luchador. Cipriano, como Horcadas se salvó del pantano de Riaño, siempre dejó a salvo el honor de los suyos y de su pueblo. La ilusión de su vida fue siempre la luche y su pueblo. Desde cuando era un “jijas”, como él decía, y ganó la primer copa que se “discutió” en la montaña de Riaño en 1935 venciendo en la final al afamado

Crescencio de Prioro “el pastor”, fue un apasionado defensor y practicante de la luche leonesa. Esta afición le llevó a luchar incluso en la guerra civil cuando coincidió en Teruel con otro montañés ilustre, Pepe Huertas de Rucayo. La guerra marcó su vida y dejó “mancao” su cuerpo; dos tiros en su codo izquierdo no dejaron de doler el resto de sus días porque aunque siguió luchando ya no “podía dar gusto a la gente” y esa nueva forma de luchar no le divertía. Él y la mayoría de los de su generación no entendían la luche si no tenía como fin gustarse y dar gusto con las mañas.

Fue luchador de pantalón remangado y ¡agarrate de donde pudieras!, de roscas y gallos compartidos con los suyos y con los otros. Hombre afable, amante de su luche, fuente de recuerdos, costumbres y vivencias de su montaña... un caso raro que guardaba sus trofeos y recuerdos en lugar destacado. Desde sus ochenta y tantos años veía la decadencia de la luche leonesa, la merma de mañas y luchadores, el abandono de las autoridades, la pérdida de amistad entre los luchadores...
No pienses Cipriano que olvido mi compromiso contigo y con el resto de los de tu tiempo, vuestros recuerdos forman parte de la cultura leonesa y perdurarán escritos. Tus trofeos también ocuparán un lugar destacado en ese museo del que tantas veces hablamos.
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ALGUNAS COSAS QUE ME CONTASTE.
Nací en Horcadas en el año 1918, el primer recuerdo que tengo de luches de verdad, es cuando yo tenía 17 años que empecé a batirme con los principales de por aquí y fuimos a Riaño, a Quintanilla, que se anuncio una copa de plata en el Diario de León y fui, pero no con la ilusión de ganar la copa, porque yo era un “jijas” y además no había pesos y me tocó con todos los pesados. Entonces, se discutió el campeonato y encima tuve la suerte de que yo me defendía porque me sacaba arriba y arriba y era muy difícil tirarme. Quedé campeón de todos los pesos, pero yo era muy, muy ligero. Discutí el campeonato con Crescencio el pastor, “el de la majada de Prioro”, que era el jefe de por aquí, y tuve la suerte de cara y le gané.

Luego vino la guerra y ya no pude luchar más. Me incorporé a una bandera de León, en la que estaba Pepe Huertas, el del pueblo del “sastrín” de Rucayo, y se hizo una aluche en Teruel, porque había un comandante que le gustaba el deporte y se entero que había luchadores. Quedamos Pepe Huertas y yo para el final y le gané. Estaba el de Tejerina y varios por ahí, había de premio 50 pts o 100 que las puso el comandante. Tuve la mala suerte de que me hirieran en la guerra en un brazo. Me entraron 2 balas por el codo izquierdo y cuando vine dejé de luchar porque no tenía fuerza en el brazo, ni tengo. Cuando les veía luchar y yo no podía estaba que “me comía la figura”, me deshacía porque los que veía luchar yo les había batido antes de la guerra, pero era tanta la afición que empecé otra vez a luchar, no era el mismo ya no era elegante, pero luché con los mejores ... |