DESDE MI ESCAÑO
Javier Compadre Antón
Al hilo de la cabecera del último número de nuestra querida revista en la que se “reta” al lector a que adivine cuál de los tres accesos a Picos que aparecen fotografiados corresponde a León, me viene a la memoria la cuestión tantas veces debatida. Recordemos una vez más aún a riesgo de volvernos a “masocar”: Cantabria con su teleférico y renovados accesos hasta Fuente Dé, amén de la pista que conduce a Aliva y a Sotres. Asturias con el motor de Covadonga y carretera hasta los lagos, más el nuevo acceso Puenteponcebos-Bulnes y la remozada carretera que sube a Sotres y Tresviso. Resultado: Unas zonas que en pocos años han pasado de la Edad Media (y lo digo con todo el respeto) a un desarrollo turístico de montaña de muy alto nivel. ¿Os acordais qué era el valle de Camaleño no hace mucho? Y las aldeas de Cosgaya, Espinama y Pido? En la vertiente asturiana podemos decir lo mismo. No hablemos de Cangas de Onís, o de Arenas de Cabrales con su reciente y preciosa nueva carretera. El año pasado volví a Sotres. Aquel pueblín remoto, y no sólo en la distancia, lo vi animado de gentes, con albergue a tope de montañeros variopintos, nacionales y extranjeros hoteles confortables, restaurantes, tiendas de productos típicos y un servicio de guías de escalada, senderismo, barrancos y otras actividades. En definitiva un pueblo que sin perder su personalidad estaba vivo.
Como montañero que soy y me siento, quiero hacer las siguientes consideraciones: Recientemente y con motivo de la ampliación del parque ha sido cerrado al paso de vehículos y motos la pista que desde el alto de Pandetrave lleva a Cabén de Remoña y a Fuente Dé. Los montañeros no queremos llegar en coche a todos los sitios, ¡Faltaría más!, pero el acceso hasta Cabén de Remoña es casi imprescindible para adentrarse en los Picos con garantía de, tras larga excursión, poder regresar en el día. Al no poder hacer esa aproximación en vehículo mucha gente optará por los accesos de Asturias ó Cantabria, con la pérdida de turismo consecuente para nuestra provincia. Cada día abundan más los vehículos todoterreno. ¿Qué hay de malo en que puedan transitar entre Fuente Dé y el alto de Pandetrave, aportando una flujo turístico importante para nuestros pueblos? Una cosa es transitar y otra hacer rallys. Para eso deben estar las medidas de control y vigilancia, no solo para prohibir. Así se ha dado una vuelta de tuerca más al retroceso turístico en la montaña leonesa. ¿No está abierta la pista que sube desde San Glorio al collado de Llesba? ¿No existe un cuidado aparcamiento a pie del collado de Pandébano junto al refugio de la Terenosa camino de Urriellu?
Se clama año tras año (y los que faltan) por la
estación de esquí de San Glorio como si de
  vida ó muerte se tratara. Sin dejar a un lado este complejo y difícil proyecto, yo os recuerdo uno no menos importante: Unir la carretera de Espinama con la que sube a Pandetrave. ¿Cómo es posible no saber aprovecharnos del enorme caudal de público que visita la vertiente cántabra teniéndolo a un paso? ¿Cómo es posible habernos olvidado del viejo proyecto de carretera entre Espinama y la que viniendo de Portilla lleva a Valdeón por Pandetrave y que todavía figura en muchos mapas? ¿Cuántos turistas se ven obligados una vez en Fuente Dé a desandar el camino que traen desde Unquera ó Panes cuando podían continuar hasta la zona de Valdeón, Riaño ó Tierra de la Reina cómodamente? Si a esto añadimos la pésima y “ecológica” comunicación entre Santa Marina y Posada, ¡Apaga y vámonos! Yo animaría a resucitar dicho proyecto y luchar por él. ¿Que transcurre por un parque nacional? Nada es imposible. Cosas más difíciles se hacen cada día. La base de cualquier tipo de desarrollo se fundamenta en unas buenas comunicaciones. Sin ellas nada es posible. Y la zona a la que aludo, hace años que ha renunciado a ellas. Merecería la pena que los ayuntamientos limítrofes lo tuvieran en cuenta antes de seguir esperando y creyendo en quienes venden humo y utopías.
O en León somos unos iluminados y vamos por delante ó definitivamente hemos perdido el tren. Y yo más bien creo esto último. Nuestros vecinos asturianos y cántabros en lo que a Picos se refiere nos han comido el pan. Entre preservar el entorno y el desarrollo turístico tiene que haber un término medio. Lo difícil es encontrarlo y saberlo aplicar, pero... nuestros políticos, me parece que ni están por la labor ni preparados para ello. Todo lo resumen con prohibir como en épocas pasadas. ¡Qué fácil es legislar prohibiendo¡ El prohibir es consustancial con los incapaces. A los gobernantes mediocres les chifla prohibir. Se ponen la gorra de plato y se sienten realizados. ¡Qué vamos a hacer! Serán tics del pasado. Entonemos también nuestro mea culpa porque si el viejo aforismo ya dice que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, nuestra tierra no va a ser una excepción.
Por el camino que vamos nuestros pueblos se están convirtiendo ya no sólo en reserva de caza sino en aquella espiritual de Occidente de triste memoria donde el ser humano esta siendo el menos protegido de la reserva. Aunque ¿Quién sabe? igual se pone de moda y hay gente que pague por vernos.
No me sorprendería cualquier día ver aparecer a nuestro paisano de Vegamián Julio Llamazares para escribir la segunda parte de “La lluvia amarilla” tomándole a Gabo prestado el titulo de “Crónica de una muerte anunciada”.
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