La noche estaba oscura y ventosa, oscura como los ojos de la tía Balbina pozos sin fondo-y ventosa como el tío Aniceto harto de berzas; presagiaba tormenta; nadie circulaba por las calles embarradas.
¿Nadie?
Un par de sombras furtivas avanzaban pegados a las paredes. Colgaban al hombro una escalera-por el tamaño la del tío Ignacio-pisaban quedo y procuraban que las brasas del cigarro no delataran su presencia.
Por fin llegaron a su destino, y con suavidad, arrimaron la escalera a una ventana del primer piso.
-Atento Macario, vigila que no asome el Tío Pascasio, ya sabes lo burro que es-dijo Melitón.
Trepó como una ardilla, y con los nudillos, escribió tres llamadas tenues en el cristal; a continuación, apenas un susurro, recitó:
-¡Oh bella flor de cantueso,
cutis de melocotón!
Estás mejor que el pan con queso
y que el vino en el porrón.
-Coño Melitón, ¿de dónde sacaste la copla.?-preguntó en voz baja Macario
-Del Promotor-respondió Melitón
Apenas una risa sofocada llegó del interior. Melitón insiste:
-Abre la ventana hermosa,
abre la ventana ya,
que quiero darte una cosa
dulce como el mazapán.
Ahora si llega la réplica:
-No me fío, Melitón , so mohíno;
manos largas, mala intención.
Y me importan un comino
las coplas y la canción.
Melitón no se arredra:
-Dime, flor de romero,
Manojo de alhelí,
quién te quiere más, di |
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que por ti suspiro y muero.
Responde la moza :
Tus suspiros Melitón,
no son por mi cutis, no.
Son por el “prao” del Avellano
y la tierra del Mojón,
que heredé del tío Mariano
y del abuelo Simón.
Melitón, que no se esperaba el ataque, se pone mimoso:
-Pero Gertru, manzanilla en flor,
tierna como el lirio verde,
talle de junco, ojos de jazmín
¡lo que yo siento es amor!,
Pues cuando te veo, primor,
el ánimo se me enciende
y noto como un picor,
un extravío, un rubor;
y mi corazón, cielín
resuena como un tambor.
La moza sigue inconmovible:
Eso que sientes Melitón, tú,
ese rubor y ese picor,
debe ser la mugre, sí,
pues hasta aquí llega el hedor.
En eso se acerca corriendo Macario:
-¡Échate abajo que viene!
Se oye la voz del tío Pascasio:
-¡Os volteo el pellejo !, ¡Sinvergüenzas!
No sé si con la emoción, la oscuridad o que así estaba escrito, la cosa es que Melitón equivocó la dirección de huida y se estampó contra el tío Pascasio que llegaba con un “palicio” en la mano.
¡Santo cielo, qué trompazo!. Melitón salió rebotado y aprovechó el retroceso para coger la ruta adecuada. Pascasio, en marianos y escarpines, acabó patas arriba en el barro. Medio santoral echó abajo en un momento.
La escalera pagó el pato, acabó en el río entre peñascos rota.
¡Verás cuando se entere el tío Ignacio! |