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COSAS DE ACEBEDO EN TORNO AL AÑO MIL

 

Texto: Tomas Álvarez.

Acebedo.
Acebedo.

Hace casi mil años ocurrían en Acebedo cosas importantes. Nos las cuenta un viejo pergamino que se conserva en el Archivo de la Catedral de León, y que lleva la fecha exacta del año 1020, pero refiere cosas algo anteriores. Por si a algún estudioso leonés o acebedense le interesa inspeccionarlo personalmente, puede consultarlo en dicho Archivo en el fondo "Otero de Dueñas, pergamino 89".

Pero lo que ahora nos interesa es saber qué pasó en Acebedo por esas fechas milenarias. Ocurría que nuestra villa pertenecía al señorío de los hidalgos Pedro Flaínez y su mujer Bronilde, y que éstos la habían dado en encomienda a otros dos señores, por nombre Sendina y su marido Diego, quienes sencillamente la explotaban. Y, por lo visto, la explotaron sin piedad, ocasionando a la villa daños notables "en casas y huertos y sembrados y viviendas…"

Y ahí comparece en nuestro pergamino la señora Sendina rindiendo cuentas de lo acaecido, dispuesta a compensar los daños causados a la población, así como a los temibles señores feudales. Serán éstos con toda probabilidad los que la amenazan, dada la impotencia de los pobres campesinos de la villa.

Hórreos de Acebedo.
Hórreos de Acebedo.

Así pues, la señora Sendina toma la palabra y empieza con toda seriedad su documento: "En el nombre de Dios: Yo, Sendina, a Vos Pedro Flaínez y a vuestra mujer Bronilde… os hago entrega de mi finca de Pomeka, con sus casas y huertas y lagares y cubas y pomares y toda clase de frutales… y tierras con sus límites, y los molinos con sus regueras, y sus prados y pazos y montes y fuentes… y os los entrego 'ad integrum' en compensación por los daños causados en Acebedo, en casas y huertos y sembrados y en el 'introsigo' de los edificios.., todo ello valorado en 200 sueldos de plata…"

Siguen todavía otros detalles, y todo concluye con la datación del documento: "hoy, viernes, trece calendas de octubre (19 de septiembre), era (hispánica) 1058 (=año 1020 de la era cristiana), reinando en León el rey Adifonso (Alfonso V)".

En la era.
En la era.

Y para la firma del documento ocurre que la ilustre señora Sendina es analfabeta y tanto ella como los dos testigos que alega, en lugar de firma hacen una simple señal: "Yo, Sendina, en esta escritura hice de mi mano esta señal… y la ratifiqué. Los que estuvieron presentes y vieron firmar esta escritura fueron: Muño, primer testigo… (señal); Oveco, testigo segundo... (señal)". El único que sabe escribir es el presbítero Citi, que hace de escribano.

Lo que no se nos dice es si a la encomendera de la villa, señora Sendina, se la penalizó quitándole la encomienda (digamos: una especie de arriendo) del pueblo, o en cambio se le permitió seguir y enmendarse de los precedentes atropellos.

¿Y qué lengua hablaba aquella gente?

Es quizá lo más interesante para el lector de hoy. Sencillamente, no sabemos qué lengua se hablaba en Acebedo y aledaños. Casi seguro, era algo así como un idioma leonés en ciernes. Entre el latín de antaño y el castellano de hogaño.

A leña.
A leña.

Desde luego, el escribano del pergamino -el cura Citi- intenta escribirlo en latín. Pero el suyo es un latín decadente y enrevesado, ajeno a las normas de la gramática. Apenas se lo entiende. Salpicado de palabras del castellano naciente. En cierto modo nuestro documento es uno de esos papeles venerables que van dando paso al nacimiento de nuestro idioma de hoy, hijo del latín, pero que trata de sacudírselo de encima. Poco antes del año mil, ese nuevo idioma daba los primeros vagidos en San Millán de la Cogolla y alrededores. Todavía tardaría casi un siglo en ver la luz el primer gran poema de la lengua, el "Mío Cid".

Pero volvamos al lenguaje de nuestro pergamino acebedense. Baste un par de ejemplos para hacernos una idea. El documento se dice escrito cuando reinaba en León el rey "Adifonso", es decir, Alfonso V. Y, más exactamente, el documento dice que Adifonso reinaba en "Leyone". O sea, que la capital del reino ya no tenía el viejo nombre latino de "Legio", pero todavía no había llegado a llamarse "León", como hoy, sino que tenía un nombre intermedio: "Leyone". Ni castellano ni latín, sino leonés. Era el momento en que la ciudad se rehacía de las incursiones de Almanzor que la había asolado poco antes del año 1000, pero que había sido derrotado definitivamente en Calatañazor el año 1002.

¿Otros vocablos 'leoneses' diseminados en el texto latino? Pues sí, son vocablos recién acuñados en romance vulgar. Sólo por curiosidad, he aquí unos cuántos: kasas, lakares (lagares), cupas (por cubas), rekarias (regueras), pazios (pazos), solidos argenteos (sueldos de plata), fructuaria y molinarias (por frutales y molinos).

El más típico de todos, el introsigo de las casas.

Todo lo cual significa que nuestro documento acebedense es uno de los pocos que testifican el nacimiento de la lengua que hablamos hoy, no sólo acuñando palabras en romance, sino entremetiéndose en el moribundo idioma latino y haciéndole la competencia.

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