
Regresemos al siglo XVIII. Y al promediar esa centuria adentrémonos en la Villa de Acebedo. Podemos otear su paisaje desde una atalaya excepcional: el catastro llevado a cabo por los intendentes regios en torno al año 1760.
Las actas de ese singular catastro se conservan íntegras y casi intactas en el archivo del ayuntamiento local, en un enorme infolio de casi 3000 páginas manuscritas, encuadernadas en dos grandes mamotretos que en realidad son copia de los originales. Se guardan éstos -los originales- en el Archivo regio de Simancas. Su copia -la que escudriñamos ahora en Acebedo- fue realizada en el momento mismo del catastro, firmada y datada el 3 de febrero de 1761 por el escribano Francisco de Alvarez.
Era el famoso catastro realizado en toda España por el ministro del rey, Marqués de la Ensenada, Zenón de Somodevella. De aquella colosal empresa aún se conservan unos 1000 volúmenes de actas en el mencionado Archivo de Simancas.
En la Villa de Acebedo, las cosas acontecen más o menos así: en pleno mes de agosto del año 1753, un pregonero de oficio vocea por las calles de la Villa el bando que anuncia la llegada de notarios, escribanos e intendentes regios, y ordena la comparición de todos y cada uno de los vecinos, para hacer la declaración de sus bienes. Se iba a levantar acta de la vida entera de la Villa, de sus bienes "personales, industriales y comerciales". En días sucesivos se daría cita, primero a las autoridades locales, luego a los noventa vecinos que la integran, sucesivamente a los residentes forasteros, y por fin a los eclesiásticos y sus familiares. Uno a uno irán desfilando ante el tablado de los oficiales regios. Era un acontecimiento insólito y sobrecogedor. Ocurría por primera vez, no sólo en Acebedo, sino en las 22 provincias de que entonces constaba la nación. (León y Asturias constituían una sola provincia.)
Como primer paso, comparecieron las autoridades de la población para responder al Interrogatorio General, que constaba de 40 preguntas, sobre la economía, la geografía o topografía, la administración de la Villa, su régimen interno, sus posesiones y censos, sus ingresos y tributaciones. A la altura de la tercera pregunta, el escribano hubo de diseñar, al por mayor, un improvisado mapa del pueblo y sus dimensiones: "el término de esta villa ocupa, de oriente a poniente, media legua, y de mediodía al norte otra media". Y un garabato similar tendrá que trazar para configurar cada una de las fincas tierras o prados- de cada vecino, a medida que las describa su respectivo dueño.
De las respuestas a ese interrogatorio resulta que Acebedo "es señorío, propio de los estados de Astorga y Toral, y sólo percibe los derechos de alcabala que se hará constar…" Pero los Señores "perciben, por razón de señorío, por foros, humazgas, martiniegas, centeniegas, machadera, pecho y pedido, 140 reales, por mitad…". Aparte las numerosas casas habitables, la Villa posee no menos de 26 "horrios libres a los cuatro aires", que sirven de panera. Dispone de diez molinos harineros, casi todos dentro del casco urbano: "el del Villar", el del Prado Cerrado, el de Juan Prieto, el de Bautista, el de "Las Eras", el de Pablo, el de Soto y el Rojo, etc.
Las fincas de la Villa se distribuyen en tierras y prados de tres categorías: de primera calidad, de calidad mediana, y de ínfima calidad. Hay fincas de trigo "cadañero", y las hay "alternativas" que producen un año centeno y otro arbejos; también las hay que producen un año y descansan otro. Los prados son, unos abiertos, otros cerrados, otros "abertizos". Son de secano o de regadío. Los hay que producen sólo "un pelo", es decir, que tienen un solo corte al año; otros, en cambio, tienen "tres pelos": en primavera, en verano y en otoño. Es abundante la producción de lino y linaza, abundante también la de centeno y de arbejos etc. Lo que aún no ha llegado al pueblo, a esas alturas del siglo XVIII, es el cultivo de la patata, que había venido de América a España hacía ya dos siglos y medio.
La Villa posee sobre todo "puertos" de arriendo, para rebaños de forasteros. Así por ejemplo, el puerto de La Vela, el de Peña l'Aguila, Piedra Hita, Otero de Villa Escusa, Cuesta Rasa, Somaraniella ("tráelo en arriendo el conde de Valparaíso: paga al año 6980 reales"), el puerto de Bustande ("tráelo a renta don Lorenzo de Robles, vecino de Toledo: paga al año 1300 reales"); el puerto de Cosalinas, arrendado en 1650 reales a Blas de Arévalo; el de la Horcada y Melendrín. - "El puerto de Guzalbres (o Guzalbas) es de la Casa de Astorga, con cien heminas en sembradura, lo arrienda al Marqués de Iturbieta, vecino de la Corte, y paga al año mil reales-. El puerto de Peña Brava, de la Casa de Toral, que ocupa otras mil heminas, arrendado a María Catalina, vecina de Ciudad Real" ("tres heminas hacen una fanega" y la hemina de trigo vale 4 reales!; 3 reales, la de centeno o la de arbejos), etc.
Luego, se rinden cuentas de las especies y número de los "semovientes", es decir, del ganado: lo hay vacuno, caballar, lanar, cabrío, cerdos… Pero quizás lo más interesante sea el recuento de oficiales al servicio de la villa, y de las pagas o salarios respectivos. Baste una referencia elemental:
El juez ordinario tiene de salario 27 reales
el escribano: 200 reales
el cirujano: 400 reales
el sacristán: 200 reales
el herrero: 120 reales
el castrador: 58 reales
el maestro de primeras letras: 380 reales
el guarda de puertos: 700 reales
por "la refición de puentes, pontones, fuentes, caminos y calzadas": 1700 r.
"de limpiar y empedrar las calles":
500 reales
al Procurador por su salario:120 reales"
"a la luminaria de la iglesia por estar pobre: 130 reales"
"a la mesta: 30 reales"
"a los verederos de órdenes: 60 reales"
"por los mastines: 600 reales"
"al tabernero, porque sirva el abasto: 380 reales"
"al cura párroco, por cáñama y misas votivas: 360 reales"
"del limpiar la presa: 260 reales"
"compostura de (la) cárcel: 70 reales"
"plantío de montes, y cerrarlos: 200 reales"
"en correr y registrar los montes para limpiarlos (de) lobos: 260 reales"…
Para hacernos una idea aproximada de la cuantía de esas cifras, tenemos una pista: "el número de jornaleros que hay en esta población…es de 84. Gana cada uno al día útil dos reales vellón por su jornal". A la vez se nos da cuenta de ciertos salarios cuantiosos: "sólo hay un maestro llamado Alonso Lozano, regular; gana al año cien ducados. Y un escribano, llamado Lorenzo Castaño: gana al año otros cien ducados". "No hay más que una taberna obligada. Y está a cargo de Miguel Martínez: dásele 380 reales por que la sirva el año…"
No menos interesantes son las declaraciones de cada vecino, que cuando les llega el turno, ineludiblemente comienzan con la descripción de la propia vivienda. Baste escuchar al primero de la serie, Antonio Díez Canseco, cuya casa, sita en el casco urbano, posee "cubierta de paja, tiene de frente 27 pies, de fondo diez pies, y de alto trece; se compone de cocina, horno, establo, pajar, portal y corral…" Tras él se presenta Antonia de Lario, "vecina de la Villa de Acebedo: casa con cubierta de paja…, de frente seis varas, de fondo cinco, de alto dos (¡)". Las casas de la Villa tienen invariablemente techo de paja, todas poseen establo o "caballeriza", son de altura muy exigua, y por estancia principal ostentan la cocina.
La última sección del infolio segundo está reservada al paisaje religioso de la Villa. Los vecinos de Acebedo tributan fielmente a favor del santuario de Covadonga, de la Catedral de León, de la ermita de Nuestra Señora de Riosol, e incluso… de Santiago de Compostela. Pero lo que más interesante resulta es la corona de ermitas que circunda la población y que atestigua las devociones populares preferidas por aquellos acebedenses. Las principales son:
Nuestra Señora del Puente o de la Puente, al otro lado del río
la ermita de San Roque
el santuario de Santiago, no lejos del poblado
el santuario de San Juan
el santuario de San Pedro y San Antonio
la capellanía de San Antonio de Padua, con ermita dentro de la Villa
He aquí el pequeño dato relativo al tributo de la Villa a favor del santuario mariano de Covadonga: "Propiedades del santuario de Covadonga…: percibe dicho santuario todos los años 24 reales vellón por razón de foro perpetuo que contra el común de esta Villa tiene". - Atención especial se merecía "la capellanía de San Antonio de esta Villa", por la que se tributaban 561 reales. Obviamente, la capilla del Santo, colocada casi en el centro de la población, prestaba especiales servicios religiosos.
*Los dos grandes mamotretos que contienen las actas del catastro llevan en sus páginas abundantes huellas del manoseo a que estuvieron sometidos en la segunda mitad del siglo XVIII. Pero es muy probable que en las dos centurias siguientes hayan quedado sepultados bajo un grueso manto de olvido. Todavía hoy, este catastro del Marqués de la Ensenada en la Villa de Acebedo espera pacientemente que alguno de nuestros jóvenes universitarios le dedique investigación a fondo, o incluso le otorgue los honores de una tesis doctoral, completando los datos de estas casi 3000 páginas, con el original conservado en el Archivo de Simancas.