
Hay un aire nuevo en el estudio de la historia de esta Montaña, las últimas investigaciones y la relectura pormenorizada de las fuentes están dando como resultado un nuevo paso para ir conociendo con mayor profundidad el proceso histórico en el que se vio envuelta esta Comarca.
Desgraciadamente nuestra Comunidad Autónoma no dedica ni el tiempo ni el dinero suficiente para el estudio monográfico de algunas particularidades históricas de las que debía presumir y son otras Comunidades Autónomas las que llevan las investigaciones más adelantadas.
Suerte tenemos que estas investigaciones sean en zonas que fueron coetáneas en el desarrollo cultural al de ésta Montaña.
Llamo siglos perdidos al periodo comprendido entre el siglo IV, las lápidas vadinienses están datadas desde el siglo I al IV, y el siglo IX, en el que documentalmente aparece mencionado Sisnando confirmándosele la cesión de unas iglesias a orillas del Esla que estaban derruidas.
La historiografía hasta ahora, para estos siglos oscuros, da la hipótesis de que las gentes de esta zona, tras la caída del Imperio regresaron a prácticas tribales debido a una escasa romanización.
En contra de esta interpretación asoman ciertas evidencias como para abrir un debate sobre el grado de romanización que alcanzó la zona. La interpretación arqueológica del conjunto de restos existentes en la zona abre otra hipótesis que no seria posible sin una presencia activa de Roma y consecuentemente un fuerte proceso romanizador
Como sabemos tras la conquista de la península por Roma, el sur quedó bajo el control del Senado y el norte en manos del Cesar y el Ejército. El Emperador y sus legados ayudados por las legiones ejercieron además de funciones militares labores administrativas, fueron los encargados de explotar la provincia Tarraconense llevando a cabo cuantas infraestructuras fueron necesarias para ello.
La explotación minera en el noroeste se va a llevar a cabo intensamente en los dos primeros siglos de ocupación. La historia de la minería romana en León apenas dedica espacio a las explotaciones del valle del alto Esla, centrándose preferentemente en la Montaña Central y en el Bierzo en donde el oro afloraba. Sin embargo además del oro se extraían otros minerales que en muchos casos estaban destinados a un consumo interior.
En lo concerniente a esta Montaña ya antes de la llegada de Roma se explotaron varios filones de mineral en todo el contorno desde Tarna a Sabero. De época romana conocemos la aparición de algunas ánforas y lámparas que junto a otros útiles para la extracción de mineral se hallaron en varias galerías de la mina de Tarna, pero sin duda la mayor prueba de la explotación minera en la zona en el siglo I es la existencia de una amplia red de vías de carácter industrial que junto a algunas estelas significativas denotan una presencia activa del Imperio en la zona.
La aparición de lápidas dedicadas a los más importantes dioses del panteón romano ha sido considerada por los expertos como prueba del asentamiento de gente romana en la zona y son numerosas las aparecidas en la provincia de León, quizás las más conocidas sean las de Astorga, y las de Villalis de la Valduerna. Crémenes reúne en este sentido algunos parámetros llamativos, en sus inmediaciones se ha hallado una lápida con la formula de I O M, Iovi Optimo Maximo, JAN(UARIVS) PRO SAL(VTE)/ F(LAVII) MUCI(I) CALISTIANI V(OTVM) LIB(BENS) S(OLVIT), sería la prueba de un asentamiento romano en el alto Esla. También en Crémenes confirmando lo anterior ha aparecido otra estela dedicada a, Marco Vulio C(IVI) R(OMANI) VET(ERANO) LEGI(ONIS) XX, H (…), asentado en la zona tras licenciarse del ejército.
Otras dos lápidas, una en Verdiago y otra en Sta Olaja de la Varga nos darían información sobre las tropas que en algún momento estuvieron acantonadas en torno a este asentamiento y distrito minero. La lápida de Verdiago, se refiere a un soldado de la Legión IX HISPANA, QVIRINA QVI(RINO) LEG:IX HIS(PANAE), Legión que aparece en la relación de tropas que intervinieron en las Guerras Cantabras al mando de Augusto, dado que en el año 70 no quedaba ninguna Legión en Hispania es posible que fuera esta Legión la encargada del control de este distrito tras la conquista, aunque no hay que descartar a la XX Valeria Victris otra Legión que intervino en la contienda y a la que supuestamente pertenecía Marco Vulio, a no ser que el XX se refiera a la edad y no a la Legión de la que era veterano.
La de Sta Olaja de la Varga, (PE)NTOVIO ELA(NIO) MIL III A(LAE) VAD(INIENSI), es posterior no se puede precisar si es una de las 2 Alae que quedan en la provincia en el periodo 70-74 o si pertenecía a la Legión VII Gemina que en el año 74 regresa a la península y se instala en León, siendo utilizada preferentemente en trabajos de minería y construcción.
La construcción de calzadas y vías es otro aspecto a destacar dentro de una presencia activa de los mecanismos romanizadores del imperio. Las comunicaciones fue uno de los mayores empeños de los Emperadores y hasta bien entrada en la crisis del Imperio en el siglo III se seguía ampliando y reparando la red viaria.
Dentro de la Montaña son varias las vías existente de las que tenemos noticias, posiblemente alguna de ellas fueran construidas sobre caminos prerromanos. La principal, considerada secundaria, es la calzada que asciende por el curso del Cea hasta Prioro y tras pasar el Pando entra en el Valle de Riaño, para continuar hacía los pasos que conducen a los puertos del Cantábrico, conocemos por textos posteriores la vía Saliamica y la vía Liébana además de la vía del Esla hacía Valdeburón.
Las lápidas contienen mucha información, por ellas sabemos que estas gentes Vadinienses del pueblo Cántabro en el siglo I ya habían asumido la escritura del Imperio y además practicaban los ritos vinculados con la muerte a modo romano. La estructura del texto lapidario no difiere en nada con las lápidas encontradas en otras partes del mundo romano, quien es, hijo de quien y a que grupo pertenece.
Los recientes estudios sobre las lápidas Vadinienses localizadas en la zona asturiana presentan varias estratificaciones temporales en las estelas, determinando de época romana aquellas dedicadas a los Diis Manibus, por lo menos hasta el siglo III, en el que entra en decadencia el culto a los dioses romanos. Las demás serían de siglos posteriores, sin descartar la posibilidad de que algunas de ellas pudieran pertenecer a un periodo paleocristiano.
Se ha querido ver en las representaciones lapidarias, caballos y árboles preferentemente, como un signo de indigenismo, cuando cabe la posibilidad de que tan solo se trate de un rasgo más de su aculturización, no olvidemos el gusto romano por pasear por los cementerios y presumir de sus lápidas adornándolas con detalles que denoten su poderío. También las lápidas halladas en el centro y oeste de León contienen representaciones de animales y otros elementos propios de su hábitat.
En su conjunto la Montaña posee la suficiente información, documental, epigráfica y arqueológica de la etapa romana como para poder entrever los ciclos por los que pasó nuestra Comarca hasta la caída del Imperio. La política seguida por Augusto a corto plazo tras la conquista del territorio Cántabro quedó plasmada en los textos clásicos, en estas medidas hay tres aspectos fundamentales: la fijación de la agrupación Vadiniense a su territorio original, un cambio importante en el tipo de asentamiento, se les obligó a bajar de los altos y vivir en el llano y se les enseño a procurarse su alimento sin que tuvieran necesidad de robarlo.
La única duda sobre este patrón es si corremos el riesgo de generalizar estos textos, sobre todo cuando despuntan algunos rasgos que pudieran indicar un desarrollo diferente La aparición sistemática de útiles y herramientas de hierro y cobre junto a otros minerales, caso del antimonio, empleados en algunas culturas y pueblos del norte de la meseta y la proximidad de esta Comarca como explotadora potencial de mineral, incluido antimonio, ya en época prerromana, abren la posibilidad de la existencia de un contacto comercial y cultural continuo a través de los corredores del Cea y del Esla. No es descartable la idea de que a la llegada de los romanos en esta Montaña ya estuviera en marcha un proceso civilizador, frente al bárbaro y salvaje serrano que describe Estrabón. No hay que olvidar que en esta Comarca aparece otro tipo de establecimiento que se repite en algunos valles y que presentan iguales características, se trata de espacios ocupados a las faldas de los antiguos castros en los que predomina el topónimo Corón, Corona o Corono. Estos sitios en su mayoría presentan una meseta sobre la que se situaba el poblado y una serie de plataformas a distinto nivel pero unidas por suaves pendientes y dedicadas a la agricultura de secano, Acebedo, La Uña etc., que bien pudieran pertenecer a un estadio intermedio entre el hábitat castreño y el modelo de poblado romano.
El caso es que apenas medio siglo despues de la conquista y en perfecta armonía conviven en el espacio vadiniense un pueblo conquistador que se asienta y revitaliza la zona, que toma el control de las minas, las explota y que introduce la economía como método de desarrollo, con un grupo étnico conquistado y romanizado, que se agrupa en pequeños centros de población dedicados a la explotación agrícola y ganadera y que cuenta con individuos con la suficiente notoriedad y poder adquisitivo como para solicitar y pagar los servicios de mano de obra especializada, caso de las lápidas.
Llegado este punto convendría hacer un apunte; estamos en un momento en el que el mundo Cántabro pierde su particularidad histórica y de la mano de Roma va a entrar en la historia de otra cultura muy superior, cultura en el que todas las políticas que se llevan a cabo están perfectamente reguladas y legisladas, y donde el aparato gobernante dispone de medios para llevarlas a cabo y administrarlas.
Sobre el siglo I es del que más información se dispone, contamos con algunos textos que van a ir dando cuerpo y sentido a los restos hasta ahora aparecidos. Generalmente tendemos a ser impactados con las Guerras Cántabras, también los autores clásicos lo parecen, y olvidamos que el motivo de estas Guerras es la conquista y adhesión al imperio de estas tierras ricas en mineral, y este proceso si se aviene a un método normalizado y logístico que se repite en otras partes del Imperio. Como ocurre en otras zonas de Europa Central y Asia, en el noroeste de la península Roma centra su dominio en la ocupación y explotación económica del territorio.
Nada sabemos de la fórmula empleada como modelo en la relación entre Vadinienses y Romanos, sabemos que se les respeto su territoriedad, y que en el último cuarto de siglo tanto Plinio el Viejo, que acabo su obra Historia Natural hacía el año 77, como Ptolomeo, nacido por entonces, reflejan la realidad administrativa y territorial del espacio Vadiniense. En tiempos de Plinio Hispania está dividida en 7 conventos o provincias, perteneciendo a la Cluniense están los Várdulos, Autrigones y Cántabros de quienes apunta tienen 7 pueblos, mencionando solamente a Iulóbriga. Ptolomeo por su parte en su Guía Geográfica, posiblemente de principios del siglo II, incluye los nombres de estos centros de población: Noiga Ucesia, Concana, Otaviolca, Argenómescon, Vadinia, Véllica, Camárica, Iulióbriga y Moroica.
Así sabemos que durante el siglo I existía una subdivisión del espacio Cántabro en 7 entidades menores con una clara territoriedad y capitalidad en clara relación a las unidades tribales que lo poblaban. La región de los Vadinienses se situaba al suroeste del territorio Cántabro y tenía como capital a Vadinia, la aparición de lápidas en varios puntos del valle que pudieran pertenecer a los primeros siglos, Anciles, Carande, Liegos, Crémenes, Remolina, Argovejo, son muestra de la existencia de otros núcleos de población además de esta capital.
Desde inicio de siglo el territorio está ocupado por el Ejército romano que controla las vías de comunicación y explota los filones mineros, conocemos la presencia de la Legión IX y posiblemente la XX, además de una Alae la III Vadiniensis. Un foco de ciudadanía romana destaca en el área de Crémenes-Cistierna y zonas de extracción de mineral aparecen en varios punto de la montaña: Burón, Retuerto, Villafrea, Las Salas, Lois, Argovejo, Riaño, Tarna etc., etc.
Que los romanos no mostraron ningún interés por interferir en las relaciones de los pueblos conquistados y que estos dispusieron de suficiente libertad como para mantener algunos caracteres específicos de las organizaciones indígenas es una idea generalizada en los libros de historia y esto habría que matizarlo. Los argumentos de esa libertad de la que gozaron se fundamentan básicamente en el hecho de que mantenían en siglos posteriores las mismas estructuras y costumbres de carácter familiar, adornaban sus lápidas funerarias y que seguían haciendo uso de una onomástica de origen céltico. Pero existen otros argumentos que pudieran poner en duda una afirmación tan categórica, en que goza de libertad un pueblo que es vencido y conquistado, su territorio ocupado y reorganizado, su movilidad mermada, sus materias primas intervenidas, sus dioses desplazados, sus leyes derogadas y de dueños pasan a trabajar tierras del Imperio.
La onomástica Vadiniense tiene un desarrollo paralelo e inverso a su proceso de latinización y es una señal inequívoca que al menos en los primeros siglos la lengua de los naturales siguió vigente. Significativas de este proceso serían algunas lápidas en las que las onomásticas de ambas culturas aparecen entremezcladas, Liegos: CES(ius) FLA(vus) PA(tri) P(ientissimo) SVO CES(tio) BOD(ero) VAD(iniense); Crémenes:…MARCO J(vlio) VAD(iniense) ó Sabero: L(ucio) ANTO(nio) VAD(iniense).
En cuanto a los Vadinienses, en el siglo I aparecen colonizados y agrupados en centros de población. Siguiendo las pautas romanas reflejadas en varios tratados y leyes agrarias, se les ha ubicado en otro tipo de asentamiento, cerca de los cursos de agua para su aprovechamiento hidráulico y de regadío, se les ha concedido unas iugadas de tierra donde ejercer la agricultura, introduciendo nuevos aperos y herramientas y se les asignó zonas de prados y pastos para la explotación ganadera. Todo es latín, nuevas denominaciones, nuevos cultivos, herramientas, escrituras, nuevas estructuras, relaciones sociales y mercantiles, leyes, en definitiva un nuevo compromiso para estas comunidades.
La existencia de centros poblacionales, convertidos en unidades fiscales y de producción, habitados por gentes autóctonas y el que sus jóvenes desde principios siglo aparezcan alistándose a los ejércitos y fuerzas auxiliares ocupantes no parece indicativo de que los Vadinienses fueran utilizados como esclavos en las explotaciones romanas y si confirma algo que ya habíamos apuntado anteriormente, la existencia de algún pacto que regulara la relación entre ambos pueblos.
— En busca del tiempo perdido(2): vadinienses