EL GAMONAL DE LA SINDA
   
Por Roberto Domínguez del Hoyo
Sinda la de Rosario
tiene un gamonal,
donde rozan Macario,
Cosme y Pascual,
los días de diario
y las fiestas de guardar.
-¿Y dónde lo “tie”?,
dicen que dijo
el tío Bernabé.
Pues ya ve usted,
la “verdá”, no lo sé;
es decir, lo sospecho;
en Vallextremero
pensé lo primero,
-dijo Pacho.
Pero no, allá fui,
comprobé, la collada pisé,
miré aquí, miré allá,
husmeé, nada vi.
-¿nada vio?- No señor,
ni poco, ni mucho, ni cacho.
Y usted, D. David, decid,
en su vida de pastor,
de éste a aquel alcor,
con su boina y su zahón
la cachaba y el zurrón
¿Sábelo?
! Hummm, qué sé yo!,
a su abuelo Cleofás
vi, sí, cuatro cargas y un costal
por la loma del Peral
años ha, cierta vez;
mas, las arrugas de mi faz
y las manchas de mi tez,
denotan años, ¡pardiez!
y la memoria me tima
con el timo de la olvidez
¿Miraste en la Majada,
el Horniello, las Vallejas,
los Asprones y el Frontón?
¿La loma la Palanquiella,
Arbolande y el Mojón?

 
Sí, mirélo y vilo
y ni un gamón encontré,
por mi fe.
¿Cojones con el gamonal!
Pregúntale a Tito
que en Salamanca estudió;
que nos alumbre
con la lumbre del saber.
¡Hay que ver!
lo que el rapaz aprendió
el poco tiempo que estuvo,
veinte años, no más,
y casi aprueba primero.
-Dinos Tito, nieto de Sinforosa,
posa el azadón o esa cosa,
y danos fe y razón
de ese lugar misterioso.
-¿Ese sitio dice usted,
ese lugar deleitoso,
que tan buenos gamones da?,
¡parece mentira Pacho!,
¡tiene cojones David!
¡Cómo seréis de burros! Sí
Está en un lugar umbrío
al lado de una fuente
de corriente impetuosa
que el tiempo amaina
y sosiega;
abrigado y protegido
rara vez el sol asoma…
-¡Ah! Sí, espera, no digas más;
el Umbrión, más allá del Abejal,
no es mal sitio no
para un gamonal.
-dijo Pacho muy ufano.
Quedóse Tito en suspenso,
paralizado en extremo.
¿Eso lo hará el centeno…?
Ca, es el tocín- dijo Cleto
que atasca el bombín
del discernimiento.
¿Del “discerniqué...”?
De ese también.
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