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CENSO DE INVIERNO

SIERO de la REINA ___ SOTO DE VALDEÓN ___ TEJERINA

LARIO

 

 

Texto: Aurelio Rodríguez Puerta.

Lario.
Lario. Foto: Efrén Fernández.

Seguimos nuestro recorrido por los pueblos de la comarca que se asoman a las aguas del Esla, ya sea de Suso o de Yuso, ya sea el Oriental, el Occidental o el indiscutible Esla de Las Salas hacia abajo. En Lario, felizmente, les vemos despreocupados de la dichosa denominación del río, acuciados por otros problemas más importantes y no propios, sino compartidos en mayor o menor medida por todos los de la comarca: La despoblación, la falta de perspectivas económicas, la muerte, en suma, de toda la comarca, acelerada por la destrucción del núcleo del valle.

Me acerco a Lario con la vergüenza del desconocimiento que los habitantes nacidos en pueblos vecinos, tenemos los unos de los otros. Claro es que, los que éramos jóvenes en los años sesenta, apenas disponíamos de una bicicleta para ir a la fiesta de un pueblo, y pasar del valle de San Glorio, al valle de Tarna, era todo un viaje.

Torre exenta de Lário y autor.
Torre exenta de Lário y autor.
Foto: José Mª Domínguez del Hoyo.

En mi recuerdo, Lario y Burón, iban siempre asociados, nombrados juntos muchas veces, como próximos, o como opuestos, de la misma forma que se contraponen Madrid y Barcelona, o Roma y Milán. Y, ciertamente, como después tuve ocasión de comprobar, la asociación por contraste, por competencia, no era desencaminada. Burón, capital del valle, cabeza de Ayuntamiento, de Mancomunidad: familias nobles, antiguo palacio renacentista; nuevo palacio…Pero Lario, aprovechando su mayor centralidad en el valle, su cruce de caminos, hacia Polvoredo y, antiguamente hacia Sajambre por el puerto del Zalambral, era centro comercial y atraía a gentes de los pueblos vecinos que venían a comprar a Casa Antonino, a Casa Lupercio, o a la tienda mejor bautizada como resumen del negocio: "El Arca de Noe". Prueba de la genialidad del dueño de esta última, no me resisto a contar la anécdota que me contaron en Maraña: Venían las mujeres a Lario a vender unas docenas de huevos con cuyo producto compraban otras mercancías y vituallas. Les pagaban la docena a veinte pesetas. Luego, veían con sorpresa que el comerciante los vendía a 18 pesetas. Había comenzado a aplicar las ofertas de los grades almacenes a los que vamos pensando en comprar las gangas y salimos con el carro lleno de cosas que nunca pensamos comprar.

Tenía Lario, en aquella época , 326 habitantes. Y cuartel de la Guardia Civil que habían logrado a pesar de Burón; y farmacia. Hoy, en Lario ha cerrado la escuela y los pocos críos se desplazan a Acevedo. El cuartel de la Guardia Civil ha sido reconvertido en Centro de Interpretación de la Naturaleza. Podemos tomar unos vinos en dos bares restaurantes que sufren la falta de clientes durante el larguísimo invierno y sigue habiendo farmacia y una industria de madera a pesar de que quedan solamente 54 personas fieles, capaces de soportar el clima y la soledad de los días de enero y febrero: 6 menores de 20 años; 26 entre 20 y 60 y el resto hasta 54, mayores.

Lario.

Paseamos por el pueblo, fuera de la carretera, y observamos hermosas casas de piedra, a veces con construcciones adosadas de bloques de cemento que afean el conjunto. Pocas obras nuevas: Un hórreo de nueva construcción llama nuestra atención. Nos acercamos a la iglesia, situada en lugar idílico, una iglesia sin pretensiones catedralicias, con torre exenta en medio de un prado verde y bien cuidado. Carlos, el de la sierra, en el bar, concurrido a la hora del vino de los mediodía, buen colaborador de esta revista, nos comenta los problemas de Lario y los males generales de la comarca, con cara de tristeza y resignación. Para ser justos y verdaderos, añadiremos que los precios del vino están más baratos en este valle de Valdeburón que en el valle del otro Esla de donde somos. Volveremos.

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