
Como casi todos los pueblos de la Montaña, Soto de Valdeón ya no es ni la sombra de lo que era en cuanto al número de vecinos se refiere, estando sujeto también al envejecimiento de su población y a la tendencia cada día más patente de muchos de sus habitantes, especialmente los mayores, de pasar el invierno en la ciudad lejos de la nieve y cerca de los médicos y demás servicios.
Soto ha sido siempre uno de los pueblos con más vecinos del valle, siendo la sede de la Parroquia de San Pedro, o de Arriba como dicen en Valdeón, en la que se incluye también Caldevilla. No solo tiene la iglesia de San Pedro con su retablo renacentista, también está la Capilla, un pequeño templo que perteneció en el pasado a la casa de los Pesquera y que actualmente es patrimonio del pueblo y de la que destacan sus columnas y capiteles de madera labrada que sujetan el portalín.
De Soto ya se tiene constancia histórica por escrito desde 1380, pero son varios los indicios de diferente índole que alejan más en el tiempo la presencia ordenada de habitantes en el lugar.
Soto es un pueblo que se alarga siguiendo la orilla izquierda del Cares, la barrera natural que le separa de la carretera que sube al Panderruedas y baja hasta Posada. Desde hace unos años Soto tiene un nuevo puente de acceso a dicha carretera, mucho más grande que el viejo puente Pilo, donde el hielo, la nieve, la pendiente y la curva dieron más de un disgusto a los conductores que por allí pasaban en esas condiciones.
De lo que Soto no carece es de barrios. Pese a tratarse de una pequeña aldea, en Soto hay varias barriadas identificadas: El Pedrero, la Capilla, la Carrera, el Hoyo, el Pilo, el Corral de los Blancos, la Cutiella, Cotolera y el Ribero, eso sin contar el Puesto las Cabras. Pero pese a tanto barrio, Soto cuenta cada vez con menos vecinos que pasen el invierno junto a las frías aguas del Cares y entre la nieve del Hoyo, habiendo sufrido un bajón importante en los últimos tres inviernos, durante los cuales un número cada vez mayor de vecinos de cierta edad hibernan en León, en otras ciudades e incluso en Extremadura con el ganado, contando el último invierno con un censo muy mermado y que no tiene visos de que se vaya a incrementar próximamente.
Hace varios años ya que cerró la escuela y los chavales que quedan tienen que bajar al aula de Posada, pero años atrás eran más de veinte los alumnos que se juntaban a diario para dar lección.
Soto atesora una buena y representativa colección de hórreos bastante bien conservados, unos 17 en total, tanto de estilo asturiano como leonés, contando con uno, el de la Capilla, que se considera el más antiguo del valle y cuya fecha de construcción se desconoce, si bien algunos entendidos en el asunto han osado otorgarle unos cuatro siglos de existencia.
Hasta hace tres años, Soto contaba con un camping con mucha tradición montañera y que se convertía en punto de reunión de aquellos que se aventuraban a las alturas de los macizos calizos, tanto antes de realizar las travesías como tras haberlas hecho.
Las fiestas de Soto, en honor del patrón, San Pedro Advíncula, tienen lugar durante el 31 de Julio y 1 y 2 de agosto, teniendo fama de ser las más animadas de Valdeón, en concordancia con la fama de fiesteros y divertidos que siempre han tenido los de la parroquia de San Pedro.
Uno de los vecinos más conocidos de Soto es Juan Manuel que a la sazón es el dueño del único bar que queda en el pueblo actualmente y por tanto el principal lugar de reunión de aquellos vecinos que se arriesgan a acercarse hasta allí para ver si Juanma abrió el bar esa tarde o decidió cavar las patatas o atender otros menesteres.
Juanma no es de los que atosiga a los clientes recién llegados preguntándoles qué van a tomar antes de dar las buenas tardes, pues también los que no toman nada son bien recibidos en este barín de Soto y de hecho, a veces hay insistirle un poco para que acabe de poner otra ronda, pero también se agradece que nunca tenga prisa para echar a nadie del bar. No suele escapársele la oportunidad de contar sus andanzas por los Estados Unidos, de las que asegura guardar buen recuerdo, aunque muchos pensamos que se debe más a que se trata de recuerdos de juventud que a lo bien que le pudiera ir por aquellas tierras incivilizadas y remotas. Es un buen lugar para pasar los días de fragua.
Soto en durante el último invierno y salvo error, cobijó el siguiente grupo de habitantes.