Cabecera Revista Comarcal

CENSO DE INVIERNO

SIERO de la REINA ___ SOTO DE VALDEÓN ___ LARIO

TEJERINA

 

Texto: Aurelio Rodríguez Puerta.

Lario.
Lario. Foto: Efrén Fernández.

Decir que Tejerina es una pedanía de Prioro es poco decir. Tejerina , que hasta hace poco se asociaba a merinas y pastores trashumantes, a pueblo pobre apartado de la civilización, sin sitio en todos los mapas, a habitantes condenados a subir y bajar empinadas cuestas para realizar cualquier tarea, con el único alivio de un sufrido burro, presenta hoy una imagen bien diferente.

Se suele decir que nunca por mal camino se llega a buen pueblo. Pues bien, hoy Tejerina cuenta con una carretera bien asfaltada, con los bordes pintados, que hace que los siete larguísimos kilómetros de antaño se hayan acortado. No, nadie le ha quitado las pinas calles. Llegar desde la primera casa hasta el antiguo teleclub, requiere su esfuerzo, pero el esfuerzo es compensado por ver las casas remozadas, adornados los balcones, limpios de maleza los lindes, paredones y taludes. El ruido del agua de la acequia nos acompaña. Y si hace al caso, una fuente nos brinda su chorro a media cuesta.

Lario.
Lario. Foto: Efrén Fernández.

Este día de finales de noviembre no precisamos fuente, aunque alegre la vista. Vamos hasta el bar del pueblo a realizar nuestro censo particular. Está anocheciendo y no hemos encontrado a nadie por la calle. Muchas casas están cerradas: ni luz en ventana, ni humo en la chimenea. Tejerina se ha convertido en un refugio de verano para gente que no precisa casi ninguno de los señuelos de los lugares de vacaciones al uso. Amablemente se nos informa en el bar, mientras tomamos una consumición, que sólo 18 personas permanecen en invierno en el pueblo. Los más jóvenes, dos criaturas de 21 meses y de sólo 15 días la menor. Seis personas andan entre los 35 y 45 años, y 10 pasan de los 60. Hay equilibrio de sexos.

Lario.

Cuando llegue el verano, este inmejorable refugio, resguardado de todo viento, alto y solano, se llenará como los puertos cuando llega la flota de altura. Y es que, hijos de Tejerina, algunos ilustres, navegan por mares muy lejanos, pero vuelven.

Esta impresión tan agradable que el pueblo produce en mis compañeros de viaje y en mí, sólo tiene un pero: al pueblo le sobra una casa. Pero no somos dinamiteros.

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