Que veinte años no es nada”, decía la letra de un conocido tango argentino. Veinte años no es más que un número redondo que nos induce a hacer memoria, dos décadas, cuatro lustros, una generación…

En todo caso una distancia temporal que permite cierto distanciamiento de lo que fueron aquellos acontecimientos del verano de l987 que dejaron marcadas a muchas personas de por vida; otras ni lo soportaron; otras, por fin, no se dieron cuenta, aun viendo los acontecimientos muy de cerca, de que eran de los más afectados, pero pensaron que no, que quedaban al margen: al margen de las aguas del embalse y al margen de los problemas que generaba.
 En realidad el drama del pantano (pantano y no embalse se le ha llamado siempre en la comarca) comenzó mucho antes. Pero al comienzo de los sesenta, Riaño era una villa llena de esperanzas de futuro, recién descubierta como villa turística, con campamentos que poblaban de juventud el valle entero, con altos, rubios y simpáticos estudiantes holandeses que conducían sus Harley-Davison por caminos y carreteras buscando minerales; con autobuses llenos de gentes de la costa que venía a secarse del mar de nieblas del Cantábrico, con afición al clarete de las cantinas, a la afamada carne de ternera de los hoteles y mesones de Riaño, y a las truchas de sus ríos. Riaño, Cangas, Potes; los tres pies sobre los que e iba a cocer el negocio del turismo emergente del triángulo de los Picos de Europa.
 En aquel Riaño se concentraban todos los servicios que dan a un pueblo aspecto de capital: Entidades de ahorro que gestionaban la riqueza de la comarca; nutridos establecimientos del ramo textil, farmacias, droguerías, ferreterías, tiendas de ultramarinos, hostelería…
Y se concentraba la gente de los valles que se articulaban en torno a este núcleo urbano de servicios.

La condena a muerte sonó como algo lejano allá por el año 66. En realidad sonó como una canción ya oída muchas veces; cosas que se hablaban dependiendo del gobierno de turno, ya desde principios de siglo y que luego se olvidaban. Titular : RIAÑO ENTRÓ EN CAPILLA EN FEBRERO DEL AÑO 1966. La ejecución efectiva se produjo veintiún años después: 1987.

La provincia de León, que hoy se siente muy agraviada, según la mayoría de los políticos leoneses, no fue muy unánime a la hora de defender la pervivencia de esta comarca. Ni siquiera la comarca entera. ¿Pero existía conciencia de comarca? ¿Existe ahora?
Decía Julio Llamazares en artículo publicado en “El Diario de León (18-8-84)” :
“La insolidaridad de los leoneses para con los afectados de Riaño ha llegado a cobrar tintes de insulto colectivo, cuando no de rapiña y crueldad. Cartas como la del ciudadano que, natural de un pueblo colindante, reclama el inmediato desalojo de los pueblos afectados para que el suyo crezca y se enriquezca a costa de ellos, o las discusiones públicas de los futuros beneficiarios de las aguas del embalse repartiéndose a empujones y carreras la piel del oso moribundo aun antes de cazarle obligan a pensar si aquello de que el hombre es un lobo para el hombre no fue escrito pensando en el pueblo leonés.”
Dejando lo de” entrar en capilla”, aquello fue
más bien el principio de un funesto embarazo. |
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Comenzó la construcción de la gran presa que tenía el aspecto de vientre en estado de preñez. Todo el mundo vio cómo iba engordando aquella enorme panza amenazadora. En mayo de 1984, aparecieron pintadas en ella unas enormes letras de cinco metros de alto, en rojo, pidiendo que se practicara un aborto quirúrgico. DEMOLICIÓN, decían. Pero el embarazo estaba ya demasiado adelantado, estaba en su tramo final.

LOS MALOS DE LA PELICULA.- El primer malo de esta historia: FRANCO: De él cuenta la leyenda popular que, habiendo venido a cazar el oso al valle de Hormas, los lugareños se lo espantaron en vez de conducírselo al puesto de tiro donde armado con moderno rifle esperaba que apareciera el trofeo.
Habiendo sospechado la treta, dicen que dijo el dictador: “ Sea inundado Riaño y su valle, y sus pueblos aledaños y que no quede piedra sobre piedra. Que se presente mi ministro Silva Muñoz.”
Enteradas las autoridades locales del soberano cabreo (que aún no se hablaba de pueblo soberano)sigue la leyenda-, intentaron agasajar al Jefe del Estado por la Gracia de Dios con la concesión del título de “Hijo predilecto de Riaño”. Difícil cosa de comprender si no es como acto que el siervo hace para aplacar la ira del señor. Esta vez, en vano. Eso era por el año 1973. Ignoremos a los componentes del Pleno Municipal y del resultado de la votación de concesión que suponemos unánime.
Ha pasado tanto tiempo que la leyenda no sé si fue oída por mí de labios de mi abuela- que es como se trasmiten las leyendas, o me la inventé yo mismo. Convendrán conmigo en que la leyenda del acueducto, que fue construido por el diablo en una noche, es más atractiva que imaginar esclavos durante años labrando piedras. Contada la leyenda, me evito datos técnicos sobre el proceso de construcción.
En veintiún años hubo otros muchos malos. El malo final fue el odiado ministro SAEZ de COSCULLUELA.
Como cara del gobierno socialista, concentró todas las iras de los afectados. Sonaba su voz compungida a falsa. Parecía sufrir más que los propios condenados a la diáspora, y el pantano de Riaño debió de encanecerle el bigote . Cumplida su misión, ¿cómo es su cara de hoy, veinte años después?
Entre estos dos personajes deberíamos dejar una página en blanco con recuadros a la manera de las páginas de las colecciones de cromos para que cada cual fuera colgando los personajes funestos preferidos, aquellos que cambian de opinión sobre un mismo asunto según estén en el gobierno o en la oposición
En mi memoria hay un personaje funesto. Un personaje de película futurista de terror, de robots articulados, inteligentes y sin corazón ni sentimientos, movido por fuerzas ocultas y malignas. Se trata de la máquina de derribar casas. Parecía tener alma propia y obrar por su propio impulso. Coloco este cromo:

Otros personajillos obraron como buitres carroñeros y se impacientaron porque el condenado no acababa de morir. Ellos merecen ser recordados como aquellos personajes de las historias que figuran siempre con la expresión “tristemente célebre”...
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