Cabecera Revista Comarcal

RETAZOS DE HISTORIA V

LOS DIEZMOS Y PRIMICIAS

 

Autor: Ramón Gutiérrez Álvarez.

Hórreo: en él se guardaban los productos diezmados. Prioro. Foto: Miguel V.
Hórreo: en él se guardaban los productos
diezmados. Prioro. Foto: Miguel Valladares.

Aunque desaparecidos hacía más de 100 años, todavía por la década de los cincuenta del pasado siglo se nos recordaba en el catecismo del P. Astete que una de las obligaciones de los cristianos era “pagar diezmos y primicias según lo manda la Santa Madre Iglesia”.

Los diezmos constituían, hasta 1836, un impuesto, el mayor de los entonces existentes, que todos los habitantes, especialmente los de los pueblos, abonaban a la Iglesia. Consistían en la entrega de una décima parte de todas las cosechas agrícolas y de las rentas de los animales. Debían hacerla, bajo pena de excomunión. Sólo se hallaban exentas de diezmar las heredades eclesiásticas. Tuvieron una importancia excepcional en la Montaña de Riaño, porque afectaba a sus dos principales producciones: la agrícola y la ganadera. Este impuesto se originó durante la Edad Media y finalizó en 1836.

Del total de lo recaudado, la Iglesia contribuía al Rey con 1/9. En el siglo XVIII llegó un momento en que por parte de los eclesiásticos se producían muchos abusos y no se daba, o se falsificaba, la relación de lo recaudado, por lo cual en el año 1776 el obispo de León, D. Cayetano Cuadrillero, envió a las parroquias un delegado que tomó declaración jurada, por una parte a los párrocos, y por otra a cuatro vecinos, para comprobar la veracidad de las declaraciones y aportaciones anuales de los párrocos. A partir de 1778 se ordena a éstos que hagan un acta anual especificando los diezmos recaudados y que lleven un libro de cuentas llamado “Libro de Tazmías(1)”, condenando con elevadas multas a los que los ocultasen.

Crítica al cobro de diezmos, bulas e indulgencias en época de la reforma. Lucas Cranach el Viejo. 1545.
Crítica al cobro de diezmos, bulas e indulgencias
en época de la reforma.
Lucas Cranach el Viejo. 1545.

Los diezmos se clasificaban en mayores (trigo, centeno, cebada y lino) y menudos (corderos, lechones, pollos, crías mulares, caballares, lana, baragañas(2), vino, miel, verduras, hortalizas, garbanzos, patatas, etc.).

El reparto de los diezmos varió según las épocas y las parroquias. En general, descontada la parte del Rey, el párroco percibía los 2/3 y el obispo 1/3 (sólo de los mayores). Si la parroquia tenía beneficiado(3), éste percibía algo menos de 1/3, a cargo de la parte del párroco. Como la parte asignada al Rey daba lugar a muchas interpretaciones y problemas, con el tiempo se buscó en cada pueblo una casa, generalmente la de mayores cosechas o percepciones ganaderas, llamada casa dezmera o escusada, cuyos diezmos iban directamente al Rey. En esta Montaña, esta casa solía corresponderse con la de los dueños de los ganados trashumantes con arriendos en cada pueblo. Las principales casas escusadas relacionadas con la trashumancia a finales del siglo XVIII y principios del XX fueron: los marqueses de Perales y Rojas en el Alto Cea; En el Valle de la Reina, el conde de Valparaíso, García de la Varga y el marqués de las Ormazas; El conde de La Paterna en La Velilla y Valdoré; en Burón, Retuerto, Polvoredo y Lario, los marqueses de Rojas, Las Ormazas y Campo Alange, y Francisco Álvarez Acebedo; Rojas, Roque Delgado y el conde de Valparaíso en Acebedo; en Valdeón, Francisco de Sanguinetto y el Conde de Siruela; en Riaño y La Puerta el marqués de las Ormazas y Bartolomé de Chaide; en Las Salas, el marqués de Perales; en Corniero el duque del Infantado; en Anciles el conde de Yebes, etc.

Rebaño trashumante a su paso por Prioro. Foto: Salvador González.
Rebaño trashumante a su paso por Prioro.
Foto: Salvador González.

Como ejemplo, transcribimos los diezmos recaudados en un pueblo de la comarca, Burón, el año 1751 y su reparto.

Por acercarnos un poco al valor real de estas cifras, diremos que el sueldo de un pastor trashumante era de 1,5 reales por día, un herrero 3 reales, un cantero 4 reales, una oveja 16 reales, un cordero o un cabrito 12 reales, etc.

En cada pueblo solía haber un hórreo o panera para depositar los productos diezmados; algunos, como en Prioro y en Valdeón, todavía se conservan. El encargado de recoger los diezmos era un vecino, el colector o dezmero, al que se le pagaba por la tarea hasta 200 reales al año o en proporción a lo que recaudaba, por lo que era muy difícil que un vecino se librase de diezmar o que lo hiciese en menor cantidad de lo que debía; además los granos y legumbres se diezmaban en la era: nadie podía retirar su cosecha sin haber diezmado antes. Para mayor control, los curas tenían que leer en el ofertorio de la misa de fin de año el total de los diezmos recaudados y lo que cada vecino tributaba por cada concepto; además advertían a sus fieles sobre la obligación de denunciar a quien no hubiera pagado por lo que debía.

Trabajos en el campo. Miniatura medieval.
Trabajos en el campo. Miniatura medieval.

Especial relevancia tuvieron en esta Montaña los diezmos cobrados a los trashumantes. También se cobraban a los carreteros, e igualmente por el vino que se vendía en la taberna, por forales (por los animales que se tenían a medias y por las soldadas de pastores o criados), por la escusa(5) de los pastores, etc.

CONFLICTOS: No es extraño que al tratarse del mayor tributo que se pagaba en esta comarca y siendo la recaudación tan elevada, se produjesen frecuentes conflictos entre los interesados, con pleitos, amenazas, etc.

a) Entre el cura y los concejos y vecinos:

-Los más numerosos fueron los relacionados con la percepción de los derechos de cáñama(6), procedentes de los arriendos de los puertos. Son conocidos documentalmente los de Retuerto y Valderrueda. En el primer caso, el concejo y el cura litigaron ante la Real Chancillería porque el concejo negaba al cura el derecho de vecindad para cobrar los repartos que se hacían a los vecinos del dinero procedente de esos arriendos (11.310, ff. 50 y 54). En Valderrueda era el problema más grave, porque el cura quería su parte, oponiéndose a ello los vecinos porque lo que percibían por los arriendos no se repartía entre ellos sino que servía para pagar los tributos reales, por lo que opinaban que tampoco el párroco debía cobrar nada. ...

 

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