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LAS CANCIONES DE NUESTROS PUEBLOS II

CANCIONES DE RONDA

 

Autor: Marcelino Díez Martínez.

En plena ronda. Foto: Isidoro.
En plena ronda. Foto: Isidoro.

Esta noche rondo yo / mañana ronde quien quiera, / esta noche rondo yo / la calle de mi morena.

 

Alguien debería tomarse la molestia de relatar las costumbres y tradiciones más arraigadas en nuestros pueblos para que no se borren del todo nuestras señas de identidad.

Porque por mucho que las añoremos, algunas formas de expresión de nuestros antepasados ya no tienen cabida en nuestra sociedad actual; por ejemplo la ronda de los mozos.

La ronda animaba las noches de primavera y verano de nuestros pueblos. En las noches de los sábados y vísperas de fiesta los mozos hacían la ronda por las calles al son de sus canciones y al ritmo del tambor. Era una manera de proclamar que en la noche eran los amos del pueblo, una forma de dar rienda suelta a la vena lírica, y en definitiva unamanera desenfadada de divertirse.

Las canciones de ronda constituyen un conjunto de tonadas variadas que tienen en común la temática lírico-amorosa envuelta en un lenguaje lleno de piropos, galantería, declaraciones amorosas y lamentos por el desamor; todo ello salpicado de expresiones jocosas y reiteradas alusiones tópicas a la noche, la ventana, el balcón, el río, la fuente, el molino o la molinera.

En el repertorio de ronda se condensa todo un acervo de sentimientos, expresiones tópicas, axiomas y actitudes vitales de quienes la practicaron durante siglos. Los amantes de la cultura de nuestros pueblos tenemos ahí todo un rico venero literario y musical para sorprendernos. No es este el lugar para profundizar en ello, pero al menos apuntaré algunas ideas en esta dirección.

1. ASPECTOS LITERARIOS.

Merece la pena disfrutar del calidoscopio de expresiones, sentimientos e imágenes en que abundan los textos de las canciones. Apunto sólo algunas a manera de enunciado:

En primer lugar los mozos marcan el territorio y reivindican su dominio con contundencia:

 

Un momento de descanso. Foto: Salvador González.
Un momento de descanso.
Foto: Salvador González.

Esta noche rondo yo,

y no rondan los chavales,

esta noche rondo yo

con navajas y puñales.

Los mocitos a rondar,

los casados a la cama,

la niña que tiene amores,

siempre estará en la ventana.

 

Después aparece todo un abanico de expresiones líricas, de variadas tonalidades, en una versificación sencilla no carente de sentido poético.

- En unas canciones vemos a la enamorada en romántica espera:

 

¿Cómo no vienes, amor,

cómo no vienes a verme,

y a la ventana sola me tienes?

 

Una mañana temprano

me fui derechito al mar

a preguntarle a las olas

si han visto a mi amor pasar

 

- En otras, es él quien se expresa con acento dolorido:

 

Me dieron tres puñaladas

al lado del corazón,

tres puñaladas me dieron

sólo por decirte “amor”

Debajo del agua clara

se ven correr las arenas,

debajo de mis cantares

se ven deslizar las penas.

 

 

 

 

 

Hay también un abundante muestrario de declaraciones amorosas, de protestas de fidelidad:

 

Yo no tengo riqueza,

serrana mía, pero te quiero:

vale más mi cariño,

serrana mía, más que el dinero.

Te juro no haber tenido,

te juro nunca tener,

te juro no haber tenido

rosas en la mano con otra mujer

 

 

 

 

 

El juego del amor no siempre es placentero, también depara trances de frustración y desengaño:

- Por un amor inconstante que da largas:

 

Ronda moderna. Foto: Isidoro.
Ronda moderna. Foto: Isidoro.

Ayer me dijiste que hoy,

hoy me dices que mañana,

y mañana me dirás

que de lo dicho no hay nada.

La ronda pasa y no pasa,

la ronda viene y no viene,

es como tu corazón:

no sabe a quién entretiene.

 

- Por las veleidades de un Cupido voluble:

 

Un soldado me dio un ramo,

yo lo puse a mi ventana,

vino el viento y lo llevó:

adiós, soldado del alma.

Al otro lado del río

sembré lino y cogí flores:

conmigo son las palabras,

con otra tienes amores.

 

 

 

 

 

El ideal de belleza femenina se refleja con maneras sutiles y refinadas en muchas tonadas que los mozos cantan:

- El hechizo incontestable de unos ojos negros:

 

Unos ojos negros vi

en una cara morena,

y si no son para mí,

yo me moriré de pena

Cómo quieres que te quiera,

si me están a mí queriendo,

dos ojos como dos soles

que por mí se están muriendo.

 

 

 

 

 

- La mirada irresistible en la oscuridad, la figura estilizada en el talle y jovial en el semblante:

 

A la luz del cigarro

te vi la cara:

yo no he visto una rosa

más colorada.

Las mocitas de mi pueblo

qué resaladinas son:

delgaditas de cintura

y alegres de corazón.

 

 

 

 

 

En el pueblo todo se sabe, todo se comenta y se canta, aunque con discreción e ingenio, en un tono irónico:

 

Grupo de quintos. Foto: Juli.
Grupo de quintos. Foto: Juli.

Dices que no la quieres

ni vas a verla,

pero la veredica

no cría hierba.

De noche con la luna,

si vas a moras,

ten cuidao con las zarzas

que son traidoras.

 

 

 

 

 

La rebeldía es signo de juventud. Aunque nos cuesta imaginarlo, también nuestros abuelos fueron jóvenes contestatarios:

 

Por decir “Viva San Roque”

me metieron prisionero.

De la cárcel ya salí:

¡Viva San Roque y el perro!

Cuando vengas a verme,

ven por lo oscuro,

que mis padres se crean

que eres el burro.

 

 

 

 

 

No falta ingenio en este lenguaje distorsionado y jocoso:

 

Una vez que te quisí,

y tu madre lo supió,

como tiene el genio así,

todo lo descompusió.

 

 

 

 

 

Han sido solamente unas pinceladas de un amplio cuadro cargado de belleza y sentimiento, de ingenio y picardía. Así es la voz del pueblo

2. RASGOS MUSICALES.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

Desde el punto de vista musical nuestras canciones tienen peculiaridades y tendencias acusadas que las identifican; son rasgos de un arcaísmo propiciado por la orografía del paisaje que dificultaba la comunicación. Podemos hablar ante todo de persistencia de sonoridades modales frente a las tonales, de melodías predominantemente silábicas, diatónicas, de corto recorrido, y de sencillez estructural. Características que podemos ver compendiadas en una pieza modélica como En el río de Guadiana (Ejemplo nº 1); canción típica de Prioro y Tejerina que tiene mucho que ver con las soledades de las esposas y novias de los pastores trashumantes. Una melodía impregnada de sentimiento, construida en escala modal de La con el III grado (Do) cromatizado; un modelo de genuina sonoridad y sencillez basado en un breve motivo musical repetido tres veces y una originalísima cadencia. No la he visto en ningún cancionero de otras regiones.

Superando ingenuos exclusivismos, hay que dejar claro que las canciones de ronda raramente se pueden considerar privativas de un solo pueblo o comarca; la mayoría son comunes para áreas de cultura similar. Eso sí, luego en cada pueblo van adquiriendo rasgos diferenciadores, y así se generan las distintas variantes de una misma canción. Estas 'peculiaridades' no aparecen por casualidad, son como el sello personal que le imprime cada pueblo.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

En nuestra comarca las canciones han adquirido rasgos identitarios muy acusados, quizá sería más exacto decir que los han conservado, puesto que casi siempre estamos hablando de rasgos de 'arcaismo'.

Uno de ellos es la sencillez estructural: todo se reduce a uno o dos motivos repetidos y una conclusión cadencial; lo podemos apreciar en casi todos los ejemplos que aquí se muestran. Otro rasgo identificador es la típica cadencia en tetracordo descendente con que concluyen gran número de canciones. Así ocurre en Esta noche rondo yo (Ejemplo nº 2), tonada de carácter vigoroso y retador con que los quintos reclaman su dominio de la calle. La pieza se reduce a una simple frase musical, formada por dos semifrases simétricas.

Cadencia en tetracordo descendente y similar estructura encontramos también en Una vez que fui ladrón (Ejemplo nº 3), melodía de corto recorrido (una 5ª), sobria, escueta y robusta. Se ha cantado en muchos pueblos de nuestra comarca y también en Asturias con el mismo ritmo y algunas variantes melódicas.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

Similares características encontramos en Donde va la mi morena (Ejemplo 4), canción que también aparece en pueblos de la ribera (Castrocalbón, Jiménez de Jamuz). Su melodía de carácter modal (Mi cromatizando III grado), consta de dos semifrases gemelas y cadencia descendente sobre la nota final. En el texto cada estrofa comienza repitiendo el último verso de la anterior, procedimiento mnemotécnico muy frecuente en nuestro cancionero.

Merece la pena fijarse en la tonada Una noche muy oscura (Ejemplo nº 5), canción muy tradicional en Prioro y que no aparece en ningún cancionero. Su melodía modal próxima a la tonalidad, en ámbito de 5ª, se basa en la reiteración por tres veces de un mismo motivo que incorpora distintos giros candenciales, con un resultado melódico de singular equilibrio y frescura. Imposible conseguir mejores resultados con tan escasos medios.

Canciones de estas características son, creo yo, lo más representativo y genuino de nuestro cancionero; piezas salidas de un crisol austero como es el temperamento de nuestras gentes, y que encajan a la perfección con el paisaje severo de nuestras tierras, hasta el punto de que si las transplantásemos a otras regiones, no serían comprendidas.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

Pero sin renunciar a esa sobriedad, también tenemos canciones de un concentrado lirismo, como Carretera de León (Ejemplo nº 6). La melodía se desarrolla dentro de una escala modal de Re enriquecida con la cromatización de los grados VI y VII, y se extiende a través de toda una octava, ámbito poco frecuente en nuestro cancionero. La transcripción resulta necesariamente alambicada por los continuos cambios de compás, pero la libertad expresiva con que se canta así lo exige, so pena de encorsetarla y desvirtuarla. En aras de un intenso lirismo, en la segunda estrofa rompe la igualdad métrica debido a la repetición del inciso "yo me voy con él", de gran fuerza expresiva. Esa misma fuerza expresiva se muestra en la profusión y variedad de saltos interválicos.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

En el cancionero encontramos constantes conexiones con nuestras raíces cántabras. De otro modo no se explican las abundantes alusiones marineras en nuestras canciones; tampoco se explicarían las numerosas canciones que, más o menos modificadas, nos son comunes con Cantabria. Una de ellas es Síguela Manuel (Ejemplo nº 7), canción modal (Mi) rica en coloridos por la cromatización del II y III grado, de estructura simple que a partir de la segunda estrofa introduce una curiosa muletilla de prolongación (síguela Manuel).

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

Ha sido sólo una muestra. El repertorio de ronda de nuestros pueblos se aproxima al centenar de canciones, pero el espacio disponible sólo nos permite asomarnos a unos pocos ejemplos; sin embargo cualquier observador atento podrá saborear la inspiración musical y poética de otras muchas.

La moderna Etnomusicología se ocupa con interés creciente de estas formas de expresión popular y de los condicionantes que las han hecho posibles. Uno de ellos es el de los procesos creativos, cuestión ésta en la que abundan más los interrogantes que las conclusiones. La canción popular es por definición anónima, pero también sabemos que una canción no la inventa el "pueblo" en abstracto, sino determinadas personas del pueblo. Nadie nos ha sabido decir quién compuso tales o cuales canciones, pero ahí están. Ciertamente había personas que desempeñaban un papel esencial en la conservación, recuperación y transmisión de las canciones. Todos los años lo primero que hacían los mozos que accedían el status de 'quintos' era acudir a alguna de estas personas para que les enseñara una bonita canción, 'novedosa' e interesante, que pasaría a ser "su canción", y que, de tanto cantarla, todo el pueblo la aprendería, pasando luego a formar parte del repertorio común.

Lagarto Ocelado. Foto: Larry.

La 'canción de los quintos' no era necesariamente original, bastaba con que fuera poco conocida en el pueblo. Lo más normal era recuperar alguna pieza semiolvidada de tiempos pasados (la canción Mañana es la cruz de mayo la cantaron los quintos del 1932, y se la enseñó la abuela de una de las quintas, quien a su vez la había aprendido de su abuela); otras veces podía ser una canción que alguien oyó en otro pueblo y le gustó, en ocasiones quizá fuese original pero anónima. En todo caso siempre eran originales algunas de las letras que se cantaban.

Por este proceso de permanente renovación se fue consolidando un valioso repertorio, integrado por canciones antiguas sucesivamente rescatadas, canciones procedentes de otras comarcas o regiones, y canciones más o menos originales. Ninguna premisa previa regía este proceso selectivo, sino la fina intuición popular y su capacidad de asimilar aquellas melodías que mejor conectaban con su sensibilidad. Como resultado ahí están estas canciones llenas de musicalidad que constituyen un bloque homogéneo tanto por lo que expresan en sus textos como por sus rasgos musicales, su estructura y la intensidad de sus melodías.

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