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ESTA NOCHE RIEGA CIPRIANO

Texto: Roberto Domínguez del Hoyo.

El autor ganándose el pan
El autor ganándose el pan
Así es la cosa, Melecio-comentaba el tío Serapio- ¡coño saca la petaca, que no me queda ni grana!, terminas la herba y llega una época muy jodida; y no es por el trabajo que acarrea la paja, no; aunque la cina llegue hasta el cielo, como la del tío Renato -por cierto, el otro año cuando estaba allá en lo alto colocando los haces, le quitamos la escalera, ¡je, je, je! ¡Bajaime de aquí, gritaba!,
Allí lo dejamos tres días. ¡Te jode, si no sabe aguantar una broma que no siembre tantas rozas!
Pues como te decía, la época jodida de la que te hablo es la guerra del agua. Hay que regar los huertos y la otoñada del San Miguel; y eso sí, todos a la vez y a la misma hora.
Fíjate cómo será la cosa que a la tía Zoila…
-¡Zoila!
Sí home sí, la que vive en el cruce de las presas, la sacan los sobrinos todo el día a la puerta pa que no se pierda los espectáculos, esto es mejor que los seriales de la radio, ¡cómo aplaude la jodía los buenos lances!
Por allí acaba pasando todo el pueblo:
Ha visto al tío Maninas, el juez de paz, perseguir azadón en mano al tío Bonifacio; al tío Céspedes echar medio santoral abajo mientras se liaba a morrillazos con la tía Remedios; a Rosendo decirle a Ramiro: ¡Me cago en tus barbas, si tienes huevos, quita otra piedra del puerto! Al tío Demoo…
-¡Demoo!, ¿Quién cojones es el tío Demoo?
-¿No te acuerdas del tío Eustaquio?, siempre empieza las conversaciones igual -¡De moo y manera, Saturnino, que me levanto antes de ser de día a echar agua abajo, desportilla aquí, tapa allá una porquera, quita ese tapín, pa que venga un cagajón de mulo tuerto como tú a quitarme el agua!
-¡De hacendera ni Cristo, y a la hora de regar los primeros! decía la tía Florencia -¡cuándo lo pondrán por horas!
No te digo más que hasta D.Niceto, el cura, tuvo que huir una vez, el otro año, remangada la sotana, perseguido por Dolfo, sólo porque había sacado un cubo de agua de la presa pa regar cuatro putas berzas que tenía en el huerto. -¡Ya vendrá tu perro a mi corral! gritaba mientras corría. Al poco tiempo, unos quejidos dieron fe de que Dolfo había alcanzado la pieza.
-¿Y fue su perro al corral de D. Niceto?-preguntó Melecio sonriendo.
-Tardó, pero una época en que andaba encorvadón y renqueante, su madre le dijo:
- Anda hijo, vale más que te confieses, no sea el demonio que pa mal… Y allá fue; pa Pascua creo. Se acercó, remolón, con la boina en la mano y cansinamente se arrodilló ante el confesionario.
-¡Qué hay!-dijo-asomándose al enrejado.
-¿Ya se te olvidó la fórmula?, ¡so morral!-contestó airado D. Niceto.
Se oían chirriar las neuronas de Dolfo cavilando.
Confesionario en el interior de la antigua iglesia de La Puerta
Confesionario en el interior de la antigua
iglesia de La Puerta
-Ave María purísima.
-Sin pecado concebida.
-Hace…no sé, unos…
-Cinco años, tres meses y ocho días.
-¡Cojones, cómo pasa el tiempo!- me duelen los pecados y… y me enmendaré, eso es.
-Veamos hijo, enumera tus pecados.
-Así, de memoria…. ponga tres o cuatro de cada cosa y ya está.
Te ayudaré yo, vamos a ver: ¿Juraste en vano?
-Una vez que la Tasuga me dio una patada a la cuerna cuando la estaba ordeñando, no doy fe de más.
-Pongamos mil ciento sesenta y creo quedarme muy corto.
-¿Santificas las fiestas?
-¡Home, ya sabe!, que si las vecerías, que si la gocha de parto, la cosa…
-Ya, nunca o casi nunca -apuntó D. Niceto.
-¿Relacionado con la concupiscencia?
-¿Con la concusqué?
-Si hijo, sí, las mujeres; ¿has tenido relaciones pecaminosas de pensamiento o de facto?
-Bueno, el otro año en la era cuando la Veneranda estaba bieldando una trilla de centenico y el aire le levantó un pelín la falda enseñando las corvas, sentí un no sé qué.
-Eso no cuadra -añadió D. Niceto consultando un cuaderno que sacó del pecho; al cruzar tus datos con Basilisa; ella dijo que…
-¡Dios, y no se lo iba a decir ni a Cristo, pa que te fíes!
-Ya, ¿Y robar, sisar, cambiar cosas de sitio a sabiendas, pedir prestado sin ánimo de devolver, no respetar los mojones, eh?
-Bueno, lo normal, ya sabe, estas cosas…
-Y lo más importante, ¿no me dices nada de lo que pasó hace años cuando apaleaste a un pobre cura?
-De eso ya me arrepentí al instante, padre.
-Si, ya lo sé, te arrepentiste tres veces, justo antes de soltar el estacazo
De hacendera arreglando el puerto de Sotobanal. Foto. Pedro Domínguez
De hacendera arreglando el puerto de Sotobanal.
Foto. Pedro Domínguez
. Todavía se me notan las mataduras, hijo; hijo de…¡Perdón Jesús, es que me sulfuro al recordarlo!
Bien, bien -D. Niceto se puso a echar cálculos. -Vas a cumplir esta penitencia:
Quinientos treinta rosarios completos, asistirás a misa todos los días durante siete meses y contribuirás generosamente cuando Cosme pase el cepillo.
-¡No me joda, padre; no lo puede hacer por menos!
-Y recuerda, hijo mío -añadió D. Niceto- Antes faltará el agua en el prao de Socarrera de Cipriano, que un feligrés que no cumple la penitencia pise el reino de los cielos.
-Y así al pobre Dolfo no le quedó más remedio que rezar y rezar rosarios. Cuando iba con las vacas, alternaba un ¡Corvaaa, cagüen la puta que te parió... sube Rompe, agárrala!, con tres Ave Marías; luego hacía una muesca en la porracha con la navaja. Tenía todo el cuerpo lleno de marcas; rosario completo, marca; el moquero lleno de nudos, incluso en la hila de la tía Balbina, mientras Aniano repartía las cartas -ya sabes lo lento que era- rezaba un rosario y hacía un nudo en el rabillo la gorra.
Cinco meses tardó en rezar los rosarios.
-Y todo esto que te cuento sobre el riego, sucede de día, porque cuando llega la noche, el agua es pa Cipriano.
Al empezar la campaña, coloca un cartel en la pared de la casa de Zoila que dice:

Esta noche riega Cipriano, ojo;
si me quitas el agua, y te cojo;
preparada trae tu alma,
testa tus bienes con calma,
porque en esta fiera ocasión,
¡voto a cristo!, mueres sin confesión.

-¡Coño, con lo pacífico que es Cipriano!
-Sí chico, sí, pero cuando llega esta época, se transforma.
-¿Entonces de noche sólo riega él?
-Bueno, en fin, yo le tengo pillada la sobaquera y cuando no hay luna el que riega soy yo. No sé si sabrás que sin luz es pez muerto, ...