Cabecera Revista Comarcal

UN TREPADOR DE ALTURA Y ABISMOS:

EL REBECO

 

Texto: Alicia García Gómez

Pareja de rebecos. Foto: Salvador González.
Pareja de rebecos. Foto: Salvador González.

Que satisfacción más grande se siente tras el esfuerzo de subir, el compartir con los rebecos su majestuoso espacio. Cuando llegas te observan como si fueras un intruso en su terreno y normalmente mantienen la distancia con el improvisado visitante que osa llegar a sus alturas, pero aún así nos regalan la vista con sus mejores poses y cabriolas entre las peñas.

En mi trabajo he tenido ocasión de guiar grupos desde Posada de Valdeón a la Vega de Llos, hubo días calurosos y algunos participantes iban sintiendo el calor y el cansancio en las últimas pendientes, yo les animaba asegurándoles que el esfuerzo les iba a compensar con la belleza que encierra la vega, en la última curva del camino siempre les paraba y mientras recuperaban el resuello les preparaba para saber entrar en la vega ante la posibilidad de que pudieran estar los rebecos… “Ahora vamos a entrar en la Vega de Llos, os vais a sentir gratificados por el esfuerzo que habéis hecho, os va a encantar, pero es importante que entremos juntos, silenciosos y tranquilos, pues a veces los rebecos están aquí mismo y es posible verles muy cerca sin que se asusten de nuestra presencia”. Y así íbamos, subiendo muy despacio, en silencio, en dirección al pilón y en alguna ocasión… si que ocurrió ¡allí estaban! y de las caras de cansancio de repente surgían gestos de asombro mezclados con felicidad y en la mía aparecía una sonrisa no solo por volver a encontrarme con los rebecos que tantas veces he visto, sino por presenciar la sensación de fascinación que experimentaban aquellas personas. Así que estaré eternamente agradecida a los rebecos de la Vega de Llos por esos buenos momentos que nos regalaron y creo que es hora de mostrar mi gratitud escribiendo este artículo sobre EL REBECO.

El rebeco cantábrico

Crías de rebeco con su madre. Foto: Salvador González.
Crías de rebeco con su madre en el Llambrión.
Foto: Salvador González.

En la Península Ibérica hay una sola especie de rebeco cuyos ejemplares se distribuyen por los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, pero los rebecos de unas y otras montañas presentan unas diferencias que hacen que sean considerados como dos subespecies diferentes y por ello han recibido nombres científicos propios: Rupicapra pyrenaica pyrenaica es el que denomina al rebeco de los Pirineos y Rupicapra pyrenaica parva es el que se asigna al rebeco de la Cordillera Cantábrica. Las diferencias más notables a simple vista son, que los rebecos de las montañas cantábricas son de menor tamaño y de diferente coloración de pelaje que sus parientes pirenaicos, pero aquí me voy a ceñir a la descripción del rebeco cantábrico, que será con el que nos encontremos por nuestras montañas.

En lo que respecta a su aspecto externo, el rebeco cantábrico muestra dos pelajes diferentes según la época del año, el pelaje de verano, llamado así el que presenta entre los meses de mayo-octubre, es de un pelo pardo rojizo corto, que se oscurece más hacia el vientre, el pecho y la cara anterior de las patas, destacando en todo el conjunto las oscuras franjas laterales de la cara que desde la boca pasa por los ojos a llegar a las orejas; este pelaje comenzará a mudarse a partir de octubre para que cuando llegue el frío esté abrigado por el pelaje de invierno que es más abundante, sobre todo en la zona del vientre y la parte inferior el cuello, además en esta muda el pelo se vuelve más largo y oscuro, de un tono pardo negruzco, que cambia a crema en la zona del vientre y adquiere un tono casi negro en el cuello, en la parte baja de los flancos y en las franjas laterales de la cara. El pelo de la parte posterior, en ambos periodos, es claro y forma el marco donde se inserta una cola corta.

Rebeco a contraluz. Foto: Salvador González.
Rebeco a contraluz. Foto: Salvador González.

Muy característico del rebeco es su peculiar cuerna, el color de los cuernos es pardo oscuro, son cortos y delgados y terminan en un pronunciado gancho, los ostentan tanto los machos como las hembras aunque con algunas diferencias, pero de esto hablaré más adelante. Los cuernos crecen perpendiculares al cráneo y les surgen de este último como pivotes óseos recubiertos de una funda desde que son crías, pues a los tres meses presentan ya unas pequeñas puntas ligeramente recurvadas. El crecimiento de los cuernos será continuo durante toda la vida, no los pierden y renuevan cada año como ocurre en los machos de ciervo y corzo, por eso entre el pivote óseo y la funda existe una zona carnosa llena de vasos sanguíneos que permite el crecimiento simultáneo de ambas partes. Cada año de vida del rebeco queda marcado en los cuernos con unas estrías alrededor de ellos, la muesca del primer año se hace visible en la zona curvada del gancho y a medida que un ejemplar de rebeco va cumpliendo años se forma una nueva marca en sus cuernos, así que esta particularidad nos permite poder saber la edad de un ejemplar por el número de muescas que presenta en los cuernos, para ello debemos contar desde la primera del gancho hacia abajo, entre estría y estría hay un segmento de cuerno que es lo ha crecido en ese año pero a partir del cuarto cumpleaños del animal hay que tener buena vista pues el segmento de crecimiento ya no es tan grande, las marcas están más juntas y se calcula peor la edad y ¡mucho ojo! pues no debemos confundir las estrías de crecimiento con los “anillos ornamentales” (protuberancias circulares) que aparecen también en los cuernos.

Senderistas y rebecos en Picos de Europa. Foto: Salvador González.
Senderistas y rebecos en Picos de Europa.
Foto: Salvador González.

El rebeco es un animal de zonas montañosas y vive en la franja altitudinal que ocupa desde la alta montaña entre sus riscos, vegas y pastos, puertos con brezal y escobal, hasta el límite superior del bosque, siendo esta última zona donde los rebecos encuentran refugio en los inviernos más nevados. Sus movimientos por estos terrenos son gráciles a la vez que vigorosos y suben laderas y trepan por los riscos sin mostrar esfuerzo, pues entre sus adaptaciones a la altura está el poseer un corazón grande para bombear más sangre a los músculos, sangre que a su vez contiene un elevado número de glóbulos rojos que capturan el tan necesario oxigeno cuya concentración disminuye en la atmósfera según se avanza en altitud. Además, para poder moverse por los lugares escabrosos, los rebecos poseen unas fuertes patas dotadas de dos pezuñas móviles que le permiten la marcha, la carrera y el salto, incluso por rocas pulidas o heladas y es que estas pezuñas están equipadas con unas almohadillas muy adherentes, además de estar unidas entre sí por una membrana muy útil para la progresión en nieve, ya que abren las pezuñas se estira la membrana y esto le permite avanzar por ella sin hundirse, pero esto no es todo en lo referente a su movilidad por terrenos accidentados… puede pegar un salto y apoyarse con todo el peso de su cuerpo sobre una superficie de 30 cm. de diámetro, el tamaño de una baldosa no muy grande, esto tal vez puede parecer fácil sobre un lugar llano pero ¿y si el salto es sobre una pared o roca inclinada suspendidas en un abismo?, ya no parece tan fácil ¿verdad?

Añado a todo lo anterior que además posee un óptimo olfato, buena vista y excelente oído que le ayudan a estar en alerta para huir rápidamente ante una situación que así lo requiera, ya que los rebecos son animales de carácter desconfiado. Tienen la capacidad de emitir sonidos que en el caso de una situación de peligro es como una especie de silbido pero de tono grave y prolongado.

Diferencias entre sexos.

Hasta el momento se han descrito una serie de características del rebeco cantábrico comunes en el macho y la hembra, pero hay otras que son algo diferentes entre ambos sexos y que fijándonos en ellas nos ayudan a su identificación en el campo.

Medidas y peso: El macho es más corpulento y su cuello es más fuerte y corto que el de la hembra, que es estilizado. Las medidas que se dan para ambos sexos son entre 90 y 120 cm. de longitud y 60-70 cm. de alzada, siendo las medidas mayores las que corresponden a los machos, ya que la hembra es de menor tamaño, por esta misma razón el peso es diferente para ambos sexos, en los machos es de unos 25 Kg. y en las hembras es de aproximadamente 20 Kg.

Cuerna: Ambos sexos poseen cuernos, en el macho son gruesos y muy ganchudos y en la hembra son finos, con el gancho menos pronunciado y más abiertos entre ellos en su parte más alta. ...

 

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