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LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN LA MONTAÑA ORIENTAL DE LEÓN

3º CAPÍTULO

LOS ALISTAMIENTOS

Texto: Ramón Gutiérrez Álvarez

La Carga de los Mamelucos. Madrid 1808
La Carga de los Mamelucos. Madrid 1808.
Francisco de Goya y Lucientes.

Constituida la Junta Suprema de León el mes de julio de 1808, una de sus primeras tareas fue la de los alistamientos de soldados. Desde los primeros días de la guerra, especialmente después de la derrota española de Rioseco, se intensificaron las tareas de reclutamiento.

Los primeros soldados fueron voluntarios. Al poco de declararse la guerra se formó en León el batallón de Voluntarios Escolares; estaba constituido por estudiantes de los centros escolares, destacando por su aportación el seminario de San Froilán; en el número anterior hemos hablado de uno de sus integrantes, D. Vicente Reyero, natural de Lois. Igualmente debemos citar a Francisco González Escanciano, de Tejerina, también voluntario de primera hora, abanderado del Batallón Literario. Participó en la batalla de Rioseco, donde murieron una gran parte de sus compañeros. Volvió de la misma sano, salvo y orgulloso de traer la bandera de León sin mancha ni rasguño(1).

Inició los reclutamientos en nuestra comarca Francisco Álvarez Acebedo y bastante más tarde, Gómez de Caso. Sabemos que ya el 21 de junio de 1808 se formó una compañía con los alistados del concejo de Los Urbayos (Ocejo, Santa Olaja de la Varga y Fuentes de Peñacorada) y del condado de Valdoré, y se nombró como capitán de ella, a petición de los reclutados, a D. Justo de la Vega Osorio. Pocos días después se formó la 8ª División de Voluntarios, formada en el concejo de Burón y mandada por Félix Álvarez Acebedo, que el 4 de julio salió, junto con otras divisiones leonesas, hacia Medina de Rioseco.

En principio, eran alistados todos los mozos solteros (después también los casados) mayores de 16 años y menores de 40 (a partir de de 1809, hasta 45 años), nobles o plebeyos. Se rompía, por tanto, la costumbre de que los hidalgos, muy abundantes en esta Montaña, estuvieran exentos de ser reclutados para el ejército, excepto si lo hacían de forma voluntaria. Todos los reclutados, voluntarios o forzosos, debían estar a disposición de la Junta Suprema; de la misma forma, todos los caballos, para cualquier necesidad. También las armas que hubiese en las casas debían depositarse en los ayuntamientos.

A los efectos de hacer el alistamiento, en cada pueblo se constituía una junta local, convocada a toque de campana, de la que formaban parte los alcaldes, los regidores y el procurador síndico. También figuraba en ella el cura párroco, que acudía a la reunión provisto de los libros de bautizados para poner a cada uno la edad que realmente tenía. También debía llevar el libro de casados. Elaboraban la lista de los que debían ser movilizados, que después se hacía pública para que los interesados o su familia indicasen los que estaban ausentes o ya en el ejército, las enfermedades o exenciones que alegaban que, por cierto, eran variopintas: “quebrado (hernias o fracturas de huesos), cuasiciego, que no ve en cuanto se pone el sol, cojo, tuerto, le dan accidentes, su mujer está embarazada”, etc. La exenciones por enfermedad las examinaba el cirujano. La junta local determinaba quiénes quedaban hábiles para el reclutamiento. También eran motivo de exenciones: a) Pertenecer a una familia sin hermanos varones y con hermanas a su cargo. b) Ser hijo único de viuda a la que había que mantener. c) Ser hijo único de padre enfermo o incapacitado.

Convocados después los seleccionados a una reunión, se les exhortaba a que, si alguno quería presentarse voluntariamente a servir a Su Majestad en infantería o caballería, lo hiciese y sería atendido a su gusto. Muy pocos lo hacían de forma voluntaria.

Disponemos de los alistamientos de los partidos de Valdeburón y de Riaño de marzo de 1809. ...

 

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