
En una de mis visitas a Acebedo, estando en tranquila conversación familiar salieron a colación aquellas representaciones teatrales que en invierno se hacían en nuestros pueblos; alguien se arrancó cantando: “¡Alerta, alerta, pastores!“..., inmediatamente continué yo: “¡Alerta, alerta al momento!“, y seguimos todos: “¡ea!, de parte de Dios, ¡ea!, que a anunciaros vengo, ¡ea! que os ha nacido, ¡ea! pa’ vuestro remedio...“
Así brotó del olvido una vieja melodía que yo había oído cantar a mi madre en los años de mi infancia en Prioro -mi madre, Cristina Martínez Álvarez era de Acebedo-, y ahora la redescubría como uno de los cantos del auto de Navidad.
Ante mi interés por el hallazgo, se animó la tertulia y en seguida fueron apareciendo otros villancicos de la pastorada. ¿Podremos recuperarlos todos? ¿Habrá todavía gente que se acuerde de los versos? Revolviendo unos cajones alguien sacó un viejo cuaderno con los versos de la pastorada. ¡Un verdadero hallazgo! Se trataba nada menos que del auto de Navidad que se vino representando en Acebedo desde tiempo inmemorial hasta los años 60 del siglo XX. Tuve la sensación de estar ante una reliquia, una joya auténtica dramático-musical que había que rescatar del silencio y del olvido. Me propuse recuperarla entera: letra, música y escenografía.
Por fortuna todavía viven algunas personas que participaron en las últimas representaciones. Me llevé una copia del cuadernillo y quedé comprometido para volver con el texto ya transcrito y tener una sesión de trabajo con todos aquellos que pudieran aportar información sobre la pastorada. Mis estupendos primos de Acebedo se encargarían de convocarlos. Y así lo hicimos, el día 28 de agosto de 2007 tuvimos una memorable convivencia en el precioso jardín de Juan y Etelvina, en la que se cantaron y grabaron las viejas melodías y se recordaron los detalles de la puesta en escena.
La reconstrucción de la pastorada está hecha con toda la fidelidad posible. Para la recuperación del texto nos servimos de la única copia que al parecer existe en el pueblo, escrita con muy buena caligrafía y una curiosa ortografía, y que reza así: “Libro de Villancicos para Aureliano Castaño del Molino, natural de la villa de Acebedo, a 11 de enero del año 1900”. Y gracias a la buena memoria de una docena de personas se ha podido recuperar la música y las acotaciones de la escenografía.
Pero ¿qué es realmente la pastorada? Se trata de una obra de teatro popular enraizado en la tradición de determinados pueblos de León, trasmitido siglo tras siglo de manera oral y que incluye partes cantadas, partes recitadas y pasos de danza.
Un estudio de Maximiliano Trapero atrajo la atención, por los años 80, sobre la pastorada leonesa tradicional en diversos pueblos de nuestra provincia1. Miguel Manzano a su vez recoge en el Cancionero leonés cuatro versiones completas de la pastorada en otros tantos pueblos y las ilustra con un sólido estudio preliminar2. Al examinar las distintas versiones de la pastorada lo primero que salta a la vista es que, a pesar de las diferencias, todas ellas arrancan de un tronco común, del que se han ido distanciando con añadidos, omisiones, modificación de versos, alteración del orden de números, diferencias musicales, etc. En realidad se trata siempre de la misma obra con numerosas variantes, todas ellas localizadas en la zona sureste de la provincia, pero no se conocía ninguna pastorada en los pueblos de la montaña.
El manuscrito de Acebedo comprende dos piezas distintas: la primera es el auto de Navidad y está toda en verso, la segunda comprende el auto de los Reyes Magos y matanza de los Inocentes, y combina partes en verso y partes en prosa.
No sabemos si la copia de 1900 de que disponemos se basó en una precedente o en la memoria del escribiente, pero en todo caso el análisis comparativo y multitud de detalles textuales y de léxico evidencian su transmisión por vía oral durante siglos.
Cualquier precisión histórica que aventuremos sobre la antigüedad de esta pieza será pura hipótesis, pero no es en absoluto arriesgado relacionarla con el teatro medieval cuyos orígenes están, como es sabido, en las representaciones religiosas de los ciclos de Navidad y de Pasión. De la misma manera que muchas piezas del romancero arrancan de la Edad Media y aparecen en nuestros días en múltiples y variadas versiones de texto y música (romances de La Doncella Guerrera, Gerineldo etc.,) así también estas obras teatrales han pervivido y llegado hasta nosotros con las interpolaciones, omisiones, y alteraciones producidas con el paso del tiempo.
Hasta los años 40 del pasado siglo la pastorada se representaba en Acebedo regularmente en la Navidad, y se llevaba a los pueblos vecinos, a veces en medio de grandes nevadas; las representaciones que se recuerdan se hacían en la escuela, no en la iglesia, donde probablemente tuvo su origen. Después de algunos años de interrupción se volvió a reponer esporádicamente en los años 60, y éstas fueron las últimas representaciones de la pastorada en Acebedo.
La pieza, tal como nos ha llegado, refleja los avatares del paso del tiempo: fallos de memoria, superposición de números, transformaciones léxicas, equívocos y reiteraciones propios de la transmisión no escrita, pero transcurre con buena coherencia interna y abunda en detalles de comicidad y buen efecto escénico. Éstos son sus principales momentos: Pregón de entrada (cantado), anuncio del ángel (cantado), monólogo del rabadán y despertar de los pastores (recitado-cantado), camino hacia el portal (cantado), ofrendas de los pastores (cantado), despedida (cantado).
Conozcamos algunos de estos números.
1. Pregón inicial. Atención al misterio (canto nº 1)
Cantan las pastoras a escenario vacío la primera estrofa. A la segunda estrofa aparece la Virgen y San José camino del portal. Salen los pastores y cantan todos.
Para Belén camina una Señora
adornada de gracia, llena de gloria, ¡qué linda!
Lleva su esposo al lado, ¡qué dicha!
que María va encinta.
Como nació tan pobre quien tanto puede,
que no tiene su Madre en qué envolverle, pañales,
entre dos animales le abriga
al que nos dio la vida.
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El texto tiene un claro sabor arcaizante, con una curiosísima ilación de ideas y versos. La música, igualmente de rasgos antiguos (modales), sigue los acentos del texto y recuerda los pregones con que los juglares anunciaban las representaciones populares. ...