
El día, cerrando los ojos, se va,
y llega la noche, vestida de frá.
Un murciélago en ala deltá,
dibujando piruetas, sale a volá;
no por gusto, sino por cazá;
por cazá moscas en la oscuridá.
La luna en la presa ve reflejá
su cara no llena, su cara menguá.
Y el viento, muy dócil, amainá.
Se oye el canto de la cigarrá;
un sapo panzudo la quiere imitá;
y tras de la loma un perro aullá
Serapio, en la portalada sentá,
apura la colilla; ya refrescá;
tase bien fuera, no lo dudá;
tranquilo, sosegado, y relajá;
s’acaricia la cara mal afeitá
y se rasca con brío el omoplatá.
Está sudoroso, está sin lavá;
dentro de un mes, ya le tocá;
“la mugre protege, la mugre abrigá”,
le dice sonriendo su vecina Pilá.
–¡Cagüen los sapos, los sapos de criá!
En un descuido, s’acaba de quemá.
A su lado un perro flaco, esmirriá;
muy de vez en cuando le da por ladrá.
Atiende por Rompe el pobre animá,
tiene una herida, mu mal curá;
un ojo bizco, la oreja cortá;
un aire tristón y el lomo pelá.
Serapio cavila, Serapio pensá;
en su ser amado, Venerandá:
capullo de lana de cordero lechá;
menta olorosa de olor naturá;
el más bello junco de todo el juncá;
la perla más blanca de todo el collá;
la rosa más linda de todo el rosá,
un lirio bello pa poné en el ojá.
¿Qué estará haciendo?, ¿ahora que hará?
¿Prepara las sopas a la luz del hogá,
pa su viejo padre el tío Wenceslá?
¿O sueña despierta?, ¿conmigo quizá?
¿O con el Torcuato, su primo carná?
¡Que dios confunda, la quiere rondá!
y en un descuido me la va a quitá.
Serapio suspira, levanta y se va,
se va a la cocina por necesidá;
tiene las patatas listas pa cená;
pone la radio, se para a escuchá;
afina el oído, se queda extasiá;
no hay más que ruido, no se oye na.
–Vamos Serapio, acaba de cená,
cierra la navaja, y ve a fregá;
luego, sin demora, vete acostá,
se hace tarde, hay que madrugá;
la herba no espera, has de segá;
llena la barrila, prepara el morrá;
coge la gachapa y la piedra d’afilá,
llena la petaca con tabaco de liá;
deja de morondear, d’acá p’arallá.
Serapio s’acuesta, la panza llená,
y al cabo de un rato se le oye roncá.
Canta y repite, el gallo, su caracacá;
y un mirlo responde en un salguerá.
–¡Arriba Serapio, son las cinco ya;
has tenido tiempo de descansá!.
Serapio se estira, bien estirá,
quita la colcha, la manta apartá;
se sienta en la cama y estornudá
–¡Cagüen la leche me he costipá!;
por dormir desnudo con la pata asomá.
Coge el perico y se pone a meá.
Se coloca la boina, deja de temblá;
estamos en junio y vuelve a helá;
–¡Hay que joderse el tiempo que fa!
Llega a la cocina, se arrima al vasá;
coge un dedalín y una botella mediá;
llena la copa y vuelve a doblá;
remata la cosa con un cacho pá.
Nota un calorcillo que la vista nublá;
alegra el corazón y la vesícula biliá.
Le levanta el ánimo y se pone a silbá.
Se acerca a la lumbre, enciende el hogá;
chisporrotea, se agacha a soplá;
suelta un cuesquillo, ligero, apagá.
El Rompe huye con la nariz tapá.
Arrima el puchero, procede a llená;
murciada garbanzos del su garbanzá;
una oronda morcilla del su vará;
tres trozos de tocino y la carne curá;
lo llena de agua y lo vuelve a tapá.
Terminada la faena, ojea el santorá; ...