Revista Comarcal

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Defendamos el comercio de nuestra comarca

Es común que los oriundos de nuestra montaña que regresan a su tierra en vacaciones, puentes o fiestas de guardar, traigan el maletero a rebosar de todo tipo de artículos con la falsa excusa de que en la zona no hay dónde comprar. También es frecuente la discusión con la señora porque quiere meter en el maletero del coche medio Carrefour, sin darse cuenta de que es un utilitario y no una furgoneta de carga. Y lo que no cabe en el maletero se mete en el asiento de atrás, y si no en el de adelante. Ni se piensa en la posible multa de tráfico al estar completamente prohibido transportar en el habitáculo del coche otra cosa que no sean pasajeros. No se si el perro. La cosa es traer de todo y, si puede ser, no gastar un euro en las pocas tiendas o establecimientos que ya quedan en la comarca.

Eso sí, si se acaba el bote de tomate acudimos prestos a la tienda, que eso es barato, y total…para eso están. Ni el pan compran algunos. Lo traen por toneladas en varios transportes, y lo congelan para todo el verano. La cosa es no dar ni euro a ganar a los pocos comerciantes que aún permanecen abiertos en Riaño, Boca de Huérgano, Posada de Valdeón o Caín

Bien es cierto que el asunto de los dineros es muy personal y tampoco se pretende meter a nadie la mano en su bolsillo. Pero si queremos que nuestra comarca prospere, empecemos por colaborar en la medida que podamos. Tenemos que consumir en las tiendas y establecimientos de nuestra comarca. Barramos para casa. Y no apelemos al error de que son carísimos, que te sacan los ojos. No es verdad. Se puede demostrar que este año en una tienda de Riaño vendían el mismo vino que se consume en casa a diario, 47 céntimos más barato. 2,56 en Gijón, 2,09 en la tienda de Riaño. Y así se mantuvo todo el pasado verano.

Lo mismo se puede decir de los vendedores ambulantes que nos ponen los alimentos a la puerta de casa y, además de aprovisionar la despensa, hacen una gran labor social. A las personas mayores les llevan la compra hasta la cocina.

Los panaderos te paran a la puerta de casa. Y eso es un lujo. Algún día se terminará porque nadie les compra y será entonces cuando realmente veamos la gran labor que estaban desempeñando.

Pero ya será tarde.